¿Antropoceno y Capitaloceno en Latinoamérica?

El debate en Latinoamérica en torno al Antropoceno y lo que este podría estar significando en el continente, ha sido casi imperceptible hasta que investigadores de México, Brasil, Colombia, Argentina, Panamá, por citar algunas nacionalidades, han ido configurando una interesante base de acción que, sin dudas, colabora con nuevos y necesarios referentes, que de una u otra manera, sirven para ir perfilando una “ciencia con conciencia” desde nuestro continente.

Por Alfonso E. Madrid Echeverría (¤)

Hay algunas razones que podrían explicar la situación antes descrita. Una de ellas es el echo de que el Antropoceno presenta un problema global que requiere, por lo tanto respuestas globales, lo que demanda a su vez intervenciones globales- locales, que desconocen las relaciones históricas de poder y las desigualdades que han producido transformaciones ambientales de gran impacto en nuestro continente. Mas claramente podríamos establecer que si bien el Antropoceno es sinónimo de degradación, desgaste, deterioro, dicho efecto se produce en territorios, que al parecer no han sido considerados de la mejor manera por los colonizadores europeos de ayer y de hoy, como parte de un planeta que debería desconocer limites territoriales y espaciales para su sobre vivencia, teniendo si, solo en consideración, respeto irrestricto con los límites planetarios.

Desde un tiempo a esta parte el debate en torno al Antropoceno ha sido capitalizado por el mundo de habla inglesa. Como lo mencionamos en el inicio de este artículo en la región van emergiendo voces significativas.

Hemos conocido trabajos pioneros como el de los mexicanos Victor M Toledo, Luis Fernández Carril, Omar E Cano Ramírez; en Colombia con Astrid Ulloa Cubillos, Renan Vega Cantor, Juan D Arias Henao; en Argentina con Adrián Gustavo Zarrilli, Horacio Machado Araóz; Guillermo Castro Herrera en Panamá; en Brasil con Antonio Manoel dos Santos Oliveira, Alex Ubiratan G. Peloggia, José Augusto Pádua y Alfredo Tiomnio Tolmasquin (Museo del Mañana) por nombrar algunos.

Los autores mencionados son algunos ejemplos con aportes importantes que van creando y fundamentando una verdadera corriente de estudios e investigación, en la que intentan comprender y contribuir – desde un pensamiento Latinoamericano- y estrechamente vinculado con historia ambiental, a buscar y tratar de encontrar rumbos de cambios y transformaciones, tomando en cuenta lecciones y saberes de nuestras propias realidades lo que nos va permitiendo enfrentar a un Antropoceno, que casi se nos impone como conocimiento, que sentimos y que nos afecta y que hoy día se nos presenta como un único camino en la última fase de la historia del planeta en que nos encontramos, sin mediar posibilidad alguna de optar, elegir o construir aportando con nuestras propias soluciones desde nuestros territorios.

Se hace necesario levantar un debate, y lo hacemos a través de este artículo, un debate amplio sobre definiciones, conceptos, ejemplos, que puedan estar cercanas a nuestras comunidades y a la realidad histórica de la población Latinoamericana.

Occidente enferma y ofrece soluciones

Como se ha dicho el Antropoceno es útil para marcar un cambio en la escala geológica del planeta causada por actividades humanas y al mismo tiempo muestra los impactos negativos sobre el clima, sin embargo carece de la precisión suficiente como para no ser sujeto de manipulación y con esto justificar más de lo mismo.

Si bien el término Antropoceno alude a que la humanidad ha sido la responsable de los cambios ambientales, no explicita de qué tipo de humanidad estamos hablando. Podemos enfatizar hoy en día desde la antropología y otras disciplinas afines, en el que durante el largo proceso de filogenia de nuestra especie hemos establecido diferentes tipos de organización social, construyendo a su vez tipos de sociedades, como la actual, la capitalista, responsable directa de esta crisis ambiental.

Aparece un concepto, hoy en día, que aclara donde nos encontramos como especie que es campo propicio para el debate y la búsqueda de una especificidad antropológica, me refiero al Capitaloceno. El concepto tiene la precisión requerida que incluye incluso contribuciones del Antropoceno.

El concepto de Capitaloceno, según el mexicano Omar Cano Ramírez, que destacamos, alude a que, si bien: “fue con la Revolución industrial que comenzó la quema de combustibles fósiles y la expulsión de gases de efecto invernadero a la atmósfera, esa revolución no se dio en un vacio social. Al contrario se desarrolló en un sistema económico que requiere e impulsa la innovación tecnocientífica para movilizar mercancías lo más rápido posible a distancias crecientes” (1).

Podemos aseverar que en el Capitaloceno, la crisis medioambiental que afecta a toda las especies vivas del planeta no fue impulsada e incentivada anónima mente y por todos, por algo que se puede explicar como una desequilibrio del poder social. Siguiendo a este autor Cano Ramírez aclara: “no todos han tenido el mismo poder social para influir sobre la estructura económica: desde los esclavos usados para el desarrollo del capitalismo europeo, pasando por las comunidades indígenas casi exterminadas y marginadas, hasta la gente que desde el siglo XX sufre la miseria y explotación laboral”, la mayor parte de la población no ha contribuido en absoluto a la crisis de carácter antropógena que occidente nos achaca.

Jason W. Moore a la palestra

En este contexto podemos refererinos al historiador británico Jason W. Moore, quien se sindica como a uno de los iniciadores en introducir un necesario debate atingente al Capitaloceno. La historia económica, la ecología, la antropología, puede servirnos para relacionar territorio, depredación y fuerza de destrucción sin medida, que ocurre en un periodo en la historia del planeta y que se vincula directamente con un sistema económico, el capitalismo. Como corolario a la destrucción de la naturaleza por este ultimo, entendemos que emerge el concepto de Capitaloceno.

Moore propone una tesis que postula, una naturaleza no explotada sino producida por el capitalismo que se ha servido de ella para crear riqueza.

El historiador inglés afirma que vivimos en la era del capital, y no en la era del hombre, y que la “era del capital” no designa solamente la aceptación de un estrecho sistema económico, sino una manera de organizar la naturaleza, que hace de ella al mismo tiempo una cosa externa a los humanos, y una cosa barata, en el doble sentido que ese término tiene en inglés: lo que es barato (cheap), pero también el verbo que significa despreciar, degradar. Es decir una naturaleza barata y despreciable.

Aunque Moore no se declara un enemigo del Antropoceno le ve como un punto de partida a varias interrogantes. Una de ellas, si bien el Antropoceno muestra cómo la humanidad se ha convertido en una fuerza geológica, no responde a la pregunta de saber cómo los humanos hacen la Historia en relación con la naturaleza, y cómo la humanidad se ha separado de la naturaleza.

En los tiempos actuales, no debemos únicamente entender qué es lo que ocurre, sino también cómo y por qué la sexta extinción de las especies, el cambio climático, el aumento de la desigualdad y la crisis financiera se producen al mismo tiempo. Los climatólogos han concluido que el clima va a cambiar de manera decisiva en los próximos decenios y que esto afectará rápidamente a nuestra vida. Pero si nos conformamos con este concepto de Antropoceno, puede, y de echo sucede el que es utilizado para fomentar la geoingeniería o para propagar un neo maltusianismo para los países pobres. Es por esta razón que el británico señala, en una entrevista realizada por Joseph Confavreux y Jade Lindgaard hace dos años que es menester :” pensar más allá de este concepto tradicional de Antropoceno, que se refiere a la humanidad totalmente separada de la naturaleza, y no una ”tela de la vida”. El concepto clave de Moore es este último que aclararía el supuesto colectivo de que creemos saber lo que es la naturaleza, cuestión que dista enormemente de una realidad, ya que se construye y se consume por gran parte de la humanidad como un producto mediático incentivado drásticamente por estilos de vida impregnados por el el sistema neo liberal capitalista. Si hablamos de ”tela de vida”, acota Moore, ya no estaremos tan seguros de lo que esto quiere decir y de esta manera al replantearnos la pregunta se produciría una búsqueda de como nosotros los seres humanos formamos parte de esta ”tela de vida” (2). https://sniadecki.wordpress.com/2017/08/11/moore-capitalisme

Siendo una creación intelectual proveniente del mundo anglosajón la de Moore, abre una innegable perspectiva de reflexión, en torno al concepto de Antropoceno y con esto una puerta a un terreno, antes poco explorado, propicio para el debate que nos proponemos, nos referimos al Capitaloceno.

Surgen varias interrogantes; ¿Que representa el concepto de Capitaloceno, que interpela al Antropoceno introducido por este historiador y que se refiera a uno de los acontecimientos mas trascendentales en el plano teórico, quizás no tanto en una dimensión similar a la teoría de Darwin o a la revolución Copernicana?

Para contextualizar un debate en torno a estos dos conceptos sería apropiado situar estos mismos en relación con otro concepto en boga, nos referimos al cambio climático. El concepto de Capitaloceno, surge como una crítica al Antropoceno, el que rescatamos, al centrar la actividad de un antropos, cruzada por relaciones de poder económico y político desiguales- característica del capitalismo global- como causante del cambio climático. Emerge otra gran interrogante: ¿sería legítimo hablar de Capitaloceno en Latinoamérica para responder cuando se habla de intervenciones globales- locales que separarían decididamente la posibilidad de la existencia de un Antropoceno en el continente para hablar con mayor legitimidad de un Capitaloceno?

¿Antropoceno y Capitaloceno en Latinoamérica?

La historia de los ecosistemas presentes en el territorio que hoy abarca nuestra América se remonta a un proceso que, tras la desintegración de Pangea hace unos 200 millones de años, vino a culminar, hace unos cuatro millones de años atrás con la formación del Itsmo de Panamá, que unió físicamente a las masas terrestres que hoy conocemos como Norte y Suramérica. En esta enorme extensión se ubica una vasta y compleja diversidad de ecosistemas, que van desde desiertos extremadamente secos hasta bosques tropicales muy húmedos, y desde humedales marino- costeros hasta altiplanos de cuatro mil metros de altura.

La descripción de los ecosistemas descritos en su relación con el panorama global del ambiente no es sencilla, y demanda la referencia a fuentes muy diversas. Citando el Fondo de Población de las Naciones Unidas (FPNU) destaca que la región cuenta con casi 2000 millones de hectáreas, de las cuales casi 600 mil millones son reservas cultivables. En el año 2000, agrega el FPNU, la región poseía un 25% de las áreas boscosas del mundo, más del 90% localizadas en Brasil y Perú, al tiempo que Brasil, Colombia, Ecuador, México, Perú y Venezuela se cuentan entre las naciones consideradas de “mega” diversidad biológica que albergan entre 60 y 70% de toda las formas de vida del planeta. Si a esto se añaden los recursos hídricos renovables del mundo, Latinoamérica recibe casi el 30% de la precipitación mundial y posee una tercera parte de los recursos hídricos renovables del planeta.

Los datos presentados más arriba son extraídos de la valiosa contribución de Guillermo Castro Herrera en su artículo América Latina: historia ambiental y crisis global (4). La región Latinoamericana rica en biodiversidad y agua dulce recibe además el 29 % de la precipitación mundial y posee una tercera parte de los recursos hídricos renovables del mundo.

Queda claro que el extenso y rico territorio sigue siendo para el modelo capitalista mundial, en la práctica, una alacena magnífica, en total desmedro de la vida en la región, donde nosotros los habitantes nos incluimos, a la par de otros seres vivos del globo terrestre.

Todo lo anterior hace que la riqueza de nuestro territorio, con plena legitimidad nos permite estudiar, investigar participar, construir, soñar y estar alertas en todo lo inherente a la articulación entre naturaleza y apropiación humana, individual o colectiva, en la actualidad y desde los primeros asentamientos humanos en el continente. Es también en esta dimensión que llamamos la atención a lo que se relacione en el plano teórico o académico con el Antropoceno y con el Capitaloceno.

En Latinoamérica los debates sobre crisis ambientales han sido, aún poco suficientes pero, partes importantes de análisis académicos durante las últimas décadas, sin embargo son vistas como efectos universales sin enfatizar los procesos particulares que en el caso de Latinoamérica, están relacionados clara y probadamente con desigualdades ambientales, producidas por procesos de extracción de bienes naturales, comenzado desde la época de la colonización europea, y que se arrastra hasta nuestros días.

A lo anterior sumamos una persistente combinación de crecimiento económico con desigualdad social, que tiende a mantener en condiciones de pobreza a cerca del 30% de la población, mientra concentra el 30 % de la población en el 10% de la población con más altos ingresos.

El concepto de Capitaloceno, a diferencia del de Antropoceno nos advierte sobre una élite, que hemos ya descrito en otros artículos, que se niega a cambiar rumbo de la crisis. Cuando esta “Tribu del Antropoceno”- termino acuñado en mi Proyecto de tesis doctoral- sostiene que no son del todo necesarias acciones urgentes y radicales y que se puede mantener el nivel desigual de consumo y explotación, que está poniendo en riesgo mortal, ya con victimas comprobadas, la vida de miles de millones de seres humanos.

La científico colombiana Astrid Ulloa Cubillos (4), apunta a un situación preocupante ya que a partir de ciertos productores de conocimientos, que se expresan en pensamientos que pasan a ser legítimos, principalmente en la academia, en asociaciones, colegios, grupos de trabajo, conferencias, grandes exhibiciones en museos y galerías, encuentros y producción en revistas indexadas y publicaciones, etc. Todos estos actores ejercen, de manera inequívoca, y con fuerza una linealidad en torno a una gran generalización, el Antropoceno parece ser un advenimiento a nivel global, desconociendo, ignorando o ocultado parte de las causas que lo habrían provocado. En el plano del conocimiento destaca el reconocimiento existente en occidente que emana desde los centros de poder mundial en la mayoría de una pléyade de producción y acciones hoy presentadas sobre el Antropoceno.

El corolario de toda una acción compartida y dirigida en el plano del conocimiento y la investigación sobre el cambio climático que surge de universidades que lideran los centros de producción académica en Europa y los EEUU, en las que desde una posición de poder, se propaga, se enseña, y se dicta paradójica mente, desde el que hacer y como resolver los problemas en la era del Antropoceno.

Últimamente actividades que destacan y que parecen muy progresistas, como una “educación para el Antropoceno”, respaldada por la propia UNESCO, es una muestra de poder, y esto no queda aquí sino, existiendo el entramado entre conocimiento y poder culminan finalmente, tarde o temprano dichos conocimientos decidiendo y definiendo, como lo hemos señalado, políticas públicas, que regirán destinos de millones de seres humanos en el planeta.

El cuadro descrito anteriormente calza perfectamente para el caso de estudios e investigación sobre el Antropoceno en extensos territorios de occidente. En el plano académico es notoria la asociación entre cambio climático y Antropoceno. Siendo el primero uno de los limites planetarios definido en Estocolmo el año 2009 por 29 científicos de la Universidad de Estocolmo, al alero del Stockholm Resilience Centre, y el segundo un concepto rector para cubrir un periodo de la historia de la tierra que universaliza y proclama a nuestra especie Homo sapiens como causante de un proceso semejante a un fuerza geológica capaz, incluso de la destrucción de la vida humana, sin tener en consideración las causas y los factores que generan estas fuerzas, equivalente a los efectos geológicos que han sido causantes de la modificación y alteración sustancial en la variabilidad de los sistemas ecológicos, sostenidos a lo largo de miles de años.

Debiéramos considerar y tener presente frente a cualquier debate y tratamiento de cambio climático, Antropoceno y Capitaloceno, que este no ocurre de la misma manera como se dan las actuales discusiones desde las ciencias sociales y humanas en Europa y los EEUU.

Sobre narrativas del Antropoceno

La narrativas del Antropoceno, hasta el momento, no ha considerado los sistemas de conocimientos locales como, por ejemplo, las importantes y significativas perspectivas indígenas, afrodescendientes y campesinas en Latinoamérica. Así como tampoco las relaciones desiguales de poder.

Por otra parte, resulta importante en este debate la verdadera irrupción del concepto Capitaloceno, que sitúa desde el núcleo mismo de la antropología a un antropos que visibiliza y critica al poco visible antropos del Antropoceno, centrando el primero la acción humana de transformación de la naturaleza, considerando relaciones desiguales como lo mencionamos, de poder político y económico, piezas claves del capitalismo global como causante del cambio climático.

Un Antropoceno anticipado en la región Latinoamericana

Nuestra tesis se basa en que la conquista europea tuvo un vasto impacto demográfico, social, político, cultural y ambiental que se expresó en una radical transformación del ordenamiento territorial y natural de la región. Al respecto, existen estimaciones sobre la población aborigen de América al momento del contacto con los europeos, que oscilan entre un máximo de 150 millones y un mínimo de 40 millones de habitantes. Surgen hoy acuerdos, en todo caso, acerca de la gran magnitud del colapso ambiental en en el continente que nos hace concluir que Latinoamérica vivió, sin exagerar, desde la conquista un verdadero Antropoceno pero, que transita hoy en día por un Capitaloceno.

Para corroborar lo antes señalado, se estima que la población indígena se vio reducida en un orden del 75 al 95 % a lo largo del siglo XVI, la población Americana podía representar cerca del 20% del total de La humanidad, se había reducido al 3% un siglo después, y había iniciado una recuperación hacia mediados del siglo XVIII.

El periodo anterior descrito fue un verdadero apocalipsis, lo que podríamos denominar un Paleo -Antropoceno. La configuración de una Iberoamérica pasó a ser definitivamente organizada y dirigida hasta nuestros días desde fuera y desde arriba, en un malla de asentamientos humanos agrupados en torno a centros de actividad económica – minero, primero, y luego agropecuaria-, dependientes de mano de obra servil en casos como Mesoamérica y el altiplano andino, o esclava, sobre todo en el espacio caribeño y el litoral Atlántico.

En el siglo XXI, y siempre desde arriba, la región ha notado un crecimiento de la institucionalidad ambiental, que ha trasladado al interior de los Estados, lo que llamamos un Paleo- Antropoceno que se transforma en el dilema, crecimiento económico extractivista y sostenibilidad del desarrollo humano, que a su vez consolidan un Capitaloceno. Desde abajo, la resistencia de pueblos originarios y campesinos a la usurpación, para muchos, y expropiación para no pocos de su patrimonio natural, y la lucha por sus derechos políticos se combinan con la lucha de los sectores urbanos medios y pobres por sus derechos ambientales.

Existe un escenario casi innegable del desarrollo de un ambientalismo contestatario, al coincidir con lo antes mencionado, que sobre todo reivindica un pasado ancestral anterior a la conquista europea en el que habrían prevalecido articulaciones eficientes con el entorno (naturaleza), en contraposición con los procesos contemporáneos de crecimiento económico fallido con visible deterioro social y degradación ambiental. Vivimos un Capitaloceno, desde esta perspectiva, sin dudas!

El exímio Enrique Leff, mexicano, ingeniero químico de profesión, economista, sociólogo ambiental y ambientalista (5), inaugura un nuevo pensamiento ambiental en la región Latinoamericana. Estaba formado, se dice, en la mejor de la tradición académica occidental en estrecha relación con nuevos movimientos sociales de la región. Al parecer esto ha sido y es un detonante para articular un ambientalismo latinoamericano con el ambientalismo global, por un lado de cara al abordaje del Antropoceno desde la tradición y narrativa anglosajona y por otra parte con los procesos de transformación política, social, cultural, ambiental y económico que se generan después de la conquista europea en toda la región, dejando un campo basto y riquísimo que consolida un Capitaloceno.

Frente a un Antropoceno y un Capitaloceno, es menester llamar las cosas por su nombre, y parafrasear al boliviano Horacio Machado Aráoz y retomar la historia de nuestro continente.

En 1545 con el “descubrimiento” del cerro Rico del Potos, tiene lugar un suceso histórico que, por su productividad ecobiopolítica, bien cabe ser considerado como el principio estructurador del mundo moderno. Según Horacio Machado Aráoz, Potosí marca la irrupción no solo de una nueva forma de minería, sino ya de una nueva era geológica en la historia de la humanidad.

Más que el París de la Revolución Francesa o el Londres de la Revolución Industrial, que podrían ser sindicados como inicios del Antropoceno, el Potosí de los siglos XVI – XVIII, en su concentración de capital en la maquinaria de producción de hegemonía marca un paradigma de la modernidad globalizada, y con esto un comienzo de un Capitaloceno. El descubrimiento del Cerro Rico del Potosí en 1545 constituye una gran articulación histórica que lleva la impronta del pasaje de la minería como botín de guerra, a la minería como actividad extractiva racionalizada. Esto ultimo un verdadero Tanatoceno, en la perspectiva de Christophe Bonneuil y Jan- Baptiste Fressoz, ambos historiadores de la ciencia franceses en la obra The Shock of the Anthropocene (6).

El Potosí no fue una mina más en el mundo; tampoco significó apenas el pasaje de la minería superficial a la explotación subterránea; constituyó la puesta en marcha de la primera y más grande explotación minera a escala industrial, lejos, muy superior a todas las minas de la época.

Complementando esta inauguración del Capitaloceno los requerimientos energéticos de la explotación, no fue menor la cantidad demandada de biomasa vegetal. En una época donde madera y leña eran la base de los materiales y la energía, el Potosí fue un gigantesco horno consumidor de bosques, no solo para requerimientos de las fundiciones, sino incluso para la alimentación y la calefacción de la población humana, ubicada en una zona que en más de un tercio del año tiene temperaturas medias bajo cero y que requeriría, según cálculos aproximadamente 25.000 toneladas anuales de leña, solo para uso doméstico.

El Capitaloceno, como prueba en Latinoamérica, según nuestra hipótesis se ejemplifica cuando Potosí pasó a ser el principal centro de abastecimiento mundial de plata, elemento que dinamizaba todo el sistema comercial emergente, que comprendía desde el Mediterráneo y el Atlántico hasta el Indico y el Pacífico. Según antecedentes en los siglos XVI y XVII, el 75% de la extracción mundial de plata salió de yacimientos americanos explotados por el Reino de España.

Como apreciamos, aparece un nuevo elemento para analizar la conceptualización tanto del Antropoceno como el Capitaloceno en Latinoamérica. Vemos de manera clara que el Capitaloceno marca un período ligado a la minería colonial gestada en Potosí. Es un elemento nuevo e interesante para análisis futuros, relacionados con la historia ambiental, y otras disciplinas, que pertenecen al territorio, poniendo también a un Antropoceno debilitado en su certeza, a lo menos histórica, de su comienzo que se remontaría a una época invisibilizada por el colonialismo, siglo XVI- XVIII en nuestro continente.

El resultado a que arribamos una vez abordado y ejemplificando el tema del Capitaloceno podemos concluir el que por un lado, queda una zona de tierra arrasada que continúa aún hasta hoy en día en Latinoamérica- un Antropoceno que nos hace compartir occidente, querámoslo o no y por otra lado, incontables victimas anónimas, seres vivos, naturaleza: riquezas efímeras y sobre todo des humanización y pobrezas crónicas.

Si el Antropoceno es un concepto que genera algún rechazo, el Capitaloceno será un término, como ya lo hemos palpado, va a ser un otro denostado e in visibilizado, pues apunta a señalar al sistema capitalista como el responsable de las catástrofes climáticas y ambientales que destruyen formas de vida, exterminan sistemáticamente a miles de seres humanos, en su mayoría pobres y excluidos, pone en peligro la misma supervivencia de nuestra especie y plantea por su peligrosidad, que la única alternativa para que la humanidad pueda sobrevivir en un futuro próximo es superando el capitalismo.

(1).- Omar Cano Ramírez. Capitaloceno y adaptación elitista en: El Antropoceno. Economía política y biopolítica del cambio climático. Críticas al concepto de Antropoceno desde la ecología política. Movilización y alternativa por la justiciar climática: revista Ecología Política No 53, 2017.

(2).- https://sniadecki.wordpress.com/2017/08/11/moore-capitalisme

(3).- Guillermo Castro Herrera. América Latina: historia ambiental y crisis global. En: Por una historia ambiental Latinoamericana. Aportes para el estudio de la Sociedad y la naturaleza en la era del Antropoceno. Adrían Gustavo Zarrilli (Compilador). Edit. Teseo, 2016.

(4).- Astrid Ulloa Cubillos. Grupo de Investigación en Cultura y Ambiente, Departamento de Geografía de la Universidad Nacional de Colombia: Dinámicas ambientales y estractivas en el siglo XXI: es la época del Antropoceno o del Capitaloceno en Latinoamérica? En : Desacato 54. mayo – Agosto 2017.

( 5).- Enrique Leff. (Coordinador) “Las consecuencias económicas de la independencia en América Latina”en Kacef, Osvaldo y Gerchhunoff, Pablo (compiladores), Institucionalidad y desarrollo económico en América Latina, CEPAL, Documento de Proyecto, 2002.

(6).- Christophe Bonneuil y Jan- Baptiste Fressoz. The Shock of the Anthropocene. Chapter 6, Thanatocene: Power and Ecocide. Verso 2016.

 

Alfonso E. Madrid Echeverría Antropologo e investigador de los límites planetarios

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