Querida Michelle: más allá de la cháchara, la realidad…

Un lector nos escribe para contarnos su realidad, LA REALIDAD, cuando un hijo tiene problemas de salud. Lo primero que se constata es que los vociferantes “pro vida” están ausentes. Y los mercaderes de la salud hacen lo que les sale de las narices. ¿Ah Michelle?

Una contribución al último mensaje


Una reflexión breve, muy breve.

Mi hijo está en una clínica de Santiago, hospitalizado, desde la noche del miércoles. Una infección urinaria superior, riñón izquierdo con inflamación. Diagnóstico al que se ha arribado luego de un scanner cerebral para descartar meningitis, examen de orina, de sangre y eco-tomografía; permanente hidratación con suero, constantes evaluaciones de temperatura y antibiótico cada seis horas, cierran el cuadro.

Al momento de hospitalizarlo, hube de firmar un pagaré. Antes de hacerlo, consulté por el valor día-cama. No es que dudara de dejar a mi hijo allí, después de todo es una buena clínica, de eso no hay duda, y la situación de salud del niño, de un niño, es lo primero.

Pero tengo Fonasa. Las isapres restan mérito a mi condición de probable afiliado. Tuve cáncer en el 2000. Así es que afronté la realidad de mi país y como cualquier ciudadano de a pie, escuché con no poca preocupación el desembolso que significaría por cada día de hospitalización, recuperar la salud de mi hijo.

$380.000 cada día-cama. Me explicaron que cada 12 horas es un día-cama. Aún no puedo creerlo; es decir, nunca había tenido que pasar un día en una clínica; cuando mi enfermedad, estuve en un hospital público y cubierto por el seguro escolar, pues estaba en quinto año de universidad. Ahora, con mi hijo necesitando restaurar su salud, soy testigo de la otra cara de la moneda. Porque una cara es ver la realidad que impera en los hospitales públicos, la velocidad de la atención y las condiciones físicas en las que son atendidos los trabajadores.

El rostro al que me refiero es ejercer como privilegiado testigo, el dudoso beneficio de poder financiar un par de días de hospitalización. Dos caras de la moneda de la negación de la salud a nuestro pueblo.

Por una parte, una salud deficitaria, que avanza a tranco lento, increíblemente endeudada, cercada por los grupos de interés, como las asociaciones de funcionarios, como el clientelismo de todo color político, como la corrupción. Por la otra, una salud que debiera ser el estándar para niños y adultos de nuestro país dispuesta en los pasillos de recintos públicos, provista desde el mundo privado, en manos de directorios cuya impronta nada tiene que ver con el bien común, sino con el ánimo de lucro.

Y en esas redes, en las que quienes intentan acceder a una salud que sane en vez de enfermar más, encuentran tal vez salud, a cambio sin embargo del endeudamiento o de la entrega de los ahorros.

Salud, un bien de consumo. Esto es Chile. Esto es lo que le hicieron al país.

Publicado por diarioelect.politika@gmail.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *