En la Historia de las luchas sociales y políticas hubo héroes anónimos que conviene reivindicar. Los anarquistas. Louise Michel, una mujer extraordinaria, fue una de ellos. Emma Goldman es otra. Ahora que el feminismo planta cara… conviene recordarlas. Esta vez recordamos a un tipo excepcional. Toto. El breve texto lo dice todo. Cuando uno piensa que para El Mercurio un anarquista es un tipo que arroja piedras…

TOTOEl hombre que carga en sus espaldas con un compañero exhausto se llamaba Luciano Allende y nació un 29 de Mayo hace 120 años en Santander. Le llamaban Toto.

Tuvo una infancia pobre y complicada, y con 15 años emigró a Lyon (Francia) para trabajar de vidriero. Un oficio jodido el de vidriero. El fuego te quema los ojos y la mezcla de ciertos minerales empleados como colorantes te quema los pulmones. Aún así nunca bajó la mirada ni dejó de aspirar la vida a bocanadas.

Vidriero también en las afueras de París, trabó amistad con el insumiso Gaston Rolland, al que condenaron a trabajos forzados por rechazar las guerras; y con Charles Louis Anderson, libertario que en la guerra española movería cielo y tierra pese a no creer en lo primero para evacuar niños y niñas a zona segura y condiciones dignas.

También hizo buenas migas con dos exiliados españoles que iban avisando del fascismo que se venía, Buenaventura Durruti y Francisco Ascaso.

Tras el golpe fascista de julio del 36, Allende regresó a España para enrolarse en el Ejército Popular. Se chupó toda la guerra hasta cruzar a pie la frontera para ser escupido a Argelès y Saint Cyprien (*). Su única salida fue enrolarse en una compañía de trabajadores extranjeros.

No le dio la gana de rendirse tras la ocupación alemana y se integró en la Resistencia.

Luciano Allende participó en diversas acciones armadas contra las tropas alemanas hasta ser detenido por la Gestapo en marzo de 1944. No pudieron sacarle nada y lo deportaron a Neuengamme, una antigua fábrica de ladrillo utilizada como fábrica de horror por la SS.

106 mil personas, hombres y mujeres, pasaron por allí. Perecieron más de la mitad. Luciano sobrevivió. El 4 de mayo de 1945 es ese hombre que mira a la cámara cargando con un compañero a sus espaldas, porque siempre cargó con su responsabilidad en un mundo que sin tipos como él sería peor, nos haría peores.

Militante hasta el final de la CNT y la Federación Española de los Deportados e Internados Políticos (FEDIP), Luciano Allende se fue con su compañera Mariette a trabajar de apicultor cerca del Mediterráneo, ese vidrio azul en el que podía perder la mirada y recordar esas vidas que le daban sentido a todo.

Luciano Allende murió el 23 de enero de 1983, en la paz de un zumbido de abeja, esparciendo sus cenizas en el jardín de un buen amigo, el libertario Paul Ferrare.

Tenemos que cultivar nuestro jardín.

*) En Saint Cyprien, cerca de la frontera española, el gobierno francés de Albert Lebrun creó un campo de concentración para encerrar a los combatientes de la República Española. Los mismos que luego combatieron contra la ocupación nazi…

Por: politika | diarioelect.politika@gmail.com

Escrito por prensaopal

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