Para nadie debería ser sorpresa que los tribunales de justicia estén integrados, en su mayoría, por una muy selecta casta de venales viejos vinagres seleccionados de la más conspicua ralea de jaleas humanas, que les place contemplar cómo se cuajan los enemigos del orden tallado.

Los Hermanos Tralcal y el Debido proceso.

Es poco probable que el estado chileno sea objetivo, siendo juez y verdugo en una causa de origen étnico. Los desfalcos, las estafas, el nepotismo, el hurto, el compadrazgo, el parentesco, los montajes. El linaje legal de latrocinios, los carteles empresariales que untan sus pezuñas mensualmente hacia ciertas “esferas públicas”, entre otras menudencias, provoca una pequeña duda que revolotea con alas de pterodáctilo en el ambiente.

Para nadie debería ser sorpresa que los tribunales de justicia estén integrados, en su mayoría, por una muy selecta casta de venales viejos vinagres seleccionados de la más conspicua ralea de jaleas humanas, que les place contemplar cómo se cuajan los enemigos del orden tallado.

La jauría jurídica dicta, mientras las hienas rodean el perímetro, en contra de gente disconforme ante la deformidad subjetiva de leyes redactadas entre cerdos y medianoche impositiva de penas que buscan sólo destruir, raramente contra quienes cuestionan el orden establecido, más que hacer reflexionar a quien haya cometido un delito.

¿Si aquí la sentencia es de un par décadas, qué castigo le corresponde a quien comete crímenes de lesa humanidad?

Amén de ello, el testimonio de alguien bajo algún tipo de tortura, sea psicológica o física, debería ser tomada en cuenta como un apremio ilegítimo, no como premio legítimo, a quien en su angustia, apunta o recita, de acuerdo al libreto redactado por su carnicero de presidio. Nótese la refinada diferencia entre una confesión espontánea a una con amenazas de toda índole.

No es aventurado aseverar que reina cierto airecillo de señoritos de pañuelos a la boca, cuando pronuncian nombres vernáculos que invocan espanto de espectros españoles encomenderos en contra de estos indios que insisten e insisten en sus reclamos y no se mueren nunca y siguen teniendo crías por más que se les dispare perdigones a los gorriones de garras filosas cuando invaden sus campos.

En este lance jurídico. La condena, más que buscar establecer justicia, lo que intenta es amedrentar e imponer miedo a quienes estén inmiscuidos en el tema Mapuche.

Si los procedimientos policiales fuesen objetivos y basados en la estricta exposición de los hechos acaecidos, se presentaría números de folios, códigos, símbolos que no indiquen procedencia, raza, sexo o apellidos. Bien distinta sería la suerte de estas personas si portasen Larraín sobre sus espaldas.

Reflexionando sobre lo expuesto, sólo por curiosidad: ¿Tuvieron los hermanos Tralcal derecho a hablar en su lengua, asistidos por un intérprete profesional para todo el procedimiento? Probablemente, de lo contrario sería una falta grave en contra del derecho internacional y los convenios al respecto.

Aquí no se trata de defender un evento nefasto como el que ha ocurrido. No se nota en las líneas redactadas, pero lo que se busca es objetividad y rigurosidad jurídica en un debido proceso. Por ejemplo, ¿cómo un medio de comunicación sabe del veredicto días antes?.
Si es el mismo aparato procesal quien impone las penas, comparándolo con otros casos, los hermanos Tralcal deberían salir libres a fin de año. ¿O aquí miden con otras varas?

Para Prensa Opal: Andrés Bianque Squadracci.

 

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Escrito por prensaopal

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