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AFPs: Afrenta pública.

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Ocurre que los abusadores, dígase empresarios, especuladores, patrones y especies afines; no satisfechos con lo que ganan, a costa de la explotación diaria de los trabajadores; en un descaro sin precedentes, también lucran (y usufructuarán) del esfuerzo y los ahorros de los asalariados, cuando éstos ya no puedan producir ganancias para él o los explotadores en cuestión.

Las Afrentas Públicas, se aprovechan en el presente y lo harán en el futuro. La redacción de la ley de fondos previsionales, fue redactada con sangre y escenario de muertos sin nombres. Bajo esas condiciones siniestras y de terror, se ubica la génesis del sistema de pensiones en Chile. Eso como para evaluar qué clase de individuos son aquellos que están detrás de la carnicería y la humillación de viejos derrotados.

Quienes trabajan en estas empresas de sanguijuelas, aparte de ser parásitos, son traidores a la patria (o como se llame) y deben ser tratados como tal. Nadie está hablando de ajusticiamiento, o sea sí, pero en los supermercados, los bares, las universidades, el metro, en la locomoción colectiva, en las ferias, los barrios, en las calles y plazas, se dicen muchas cosas.

Dicen que las Mineras “mueven montañas”, pero también mueven a gobiernos autodeclarados como ecologistas, mueven a los medios que lavan su imagen, a las corporaciones “culturales” que “entretienen” con cuanta exposición, concierto u obra de teatro, disfrazando el terrorismo empresarial que cotidianamente destruye lo poco que va quedando. Lo que no se mueve, es un pueblo adormecido por la droga mediática y enfermo de individualismo....

 

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Resumiendo un poco; las Afrentas Públicas, que son privadas, están compuestas de aprovechadores (desde el gerente hasta los vendedores) con un claro perfil psicopático; no tienen la más mínima empatía para con los más necesitados, ni nadie que no les dé o produzca algún tipo de provecho personal. Son individuos con un ego sobrevalorado, ambiciosos, menospreciadores y destacados expertos en la manipulación y el engaño.
Todo esto desemboca en que vivimos debatiendo contra infrahumanos, realmente peligrosos y dañinos. Ese es el punto central y de fondo, en este tipo de situaciones (económicas). El egoísmo, es el motor de la historia.
Sean las pensiones, la educación, la vivienda o la salud. Estamos frente a seres que no tienen ningún freno moral o social o la capacidad de ponerse en el lugar de otros. Eso les permite, hacer lo que sea, para intentar llenar el vacío que cargan a cuestas. Y, obviamente, eso lo hacen a través de la obtención de dinero (de la forma que sea) y el consumismo, lo cual funciona como reemplazo y bálsamo ante la carencia de valores benévolos, ausentes en sus auditorías más íntimas.

Si miran las cartolas de los cotizantes a contraluz, queda expuesta la radiografía y bitácora de sus mentes primitivas y antropófagas: se ven a sí mismos como un producto que debe ser constantemente remozado exterior y superficialmente, para que genere rentabilidad. Los demás son herramientas, artículos.

Todo es un producto al cual se le puede sacar algún tipo de ganancia. Ese es el emblema y blasón de las hordas de chupópteros y agiotistas que habitan las AFPs.
La ausencia de valores, jamás la intentarán suplir con acciones destinadas al bienestar de los demás.
Los valores para ellos son bursátiles, económicos, de otro tipo de valores no conocen, ni conocerán.

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Intentar humanizar el capitalismo, es intentar domesticar un tigre adulto con un libro de poemas.

Para Prensa Opal: Andrés Bianque Squadracci.

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