Chile

No hay camino, ni espacio para una derrota de los sueños

Después de más de 60 días de protesta y manifestación social, de lucha callejera (que es el único espacio que como pueblo, tenemos, podemos y debemos defender), de ser testigos de muertes, explosiones de globos oculares, de violencia sexual, abusos y torturas, dirigidas también a infantes y adolescentes, por parte de agentes del Estado de Chile.

60 días en que se han efectuado diversas denuncias de Ong’s por violaciones sistemáticas a la carta fundamental de derechos humanos por parte de todos los aparatos del Estado de Chile, ya sea en su actuar directo o por su silencio cómplice ante todos estos hechos.


Después de ver como el Estado en su conjunto desarrolla estrategias de pactos y contubernios, para acallar y o generar condiciones de que parezca que todo cambie y no cambie nada, después de constatar un gobierno genocida y criminal, de un Parlamento cómplice, de un Poder Judicial silente (con escasas excepciones), de aparatos como Carabineros y las FFAA quienes están cumpliendo con su rol asignado históricamente; como represores de los pobres y trabajadores del país, teniendo el monopolio de las armas y su uso indiscriminado, me atrevo a enunciar el Estado fallido de Chile y el fracaso del artilugio, que nos han vendido y llamado “Democracia”.


Por lo que no termino de conmoverme, ante tamaña patraña.


Mientras, hoy toda la discusión gira en torno a un “Pacto por la Paz y Nueva Constitución”, en un proceso cocinado del crepúsculo al amanecer, que no da espacios deliberantes populares, que insiste en la representación como modelo de negociación, que margina a importantes sectores de la sociedad, siguen apareciendo leyes represivas, avaladas por el cinismo de aquello que llaman clase política, leyes económicas que siguen consolidando los pilares de la riqueza de los más ricos, respuestas infames a los gritos de nuestros pensionados, de nuestros usuarios de salud, de los estudiantes, de los trabajadores y del transporte, y una larga lista de necesidades que siguen estando en el grito popular, y de la calle.


Mientras en las calles se atropella, se dispara, se detiene, se asesina, los medios de des-información y los políticos, que son parte importante del problema, corren y se apresuran a pronunciar declaraciones de defensa hacia esta “Democracia”, a este estado fallido y a los suyos que son interpelados, en la calle, por el pueblo cansado de poner la sangre con la que ellos (los de siempre) quieren escribir sus acuerdos en cocinas a puerta cerrada y a altas horas de la madrugada.


Aunque en cada una de las manifestaciones autoconvocadas, lo primero que escuchamos son frases del tipo “… ten cuidado”, “… no te arriesgues”, seguimos en la calle sabiendo autocuidarnos de los agentes del Estado y arriesgando lo único que nos queda: La Existencia, pues nos han engañado y robado tanto y tantas veces, que ya se han apropiado también de nuestras vidas.


Convencido estoy, entonces, que lo seguiremos haciendo, seguiremos en las calles pues no hay camino ni espacio para una derrota de los sueños, ya que la semilla plantada por los jóvenes ha sido regada con sangre y está germinando en una lucha común, ante un sistema violento y de esclavitud en el que nos ha sumergido históricamente.


Y aunque insistan en querer matarnos, seguimos cada día más vivos, viviendo la comunidad, en estos días de libertad, creación y comunión (común-unión).

Por Humberto Hidaldo

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