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Flora Sanhueza: Resistencia feminista de Clase

Un 18 de septiembre de 1974 se nos moría Flora Sanhueza Rebolledo, dulzura libertaria en el salitre y los secarrales del norte chileno. Hasta allí se llegaron sus padres, anarquistas españoles exiliados tras el fracaso de la huelga general de 1917 y la represión desencadenada. En Iquique aún flotaba en el aire el dolor a sangre derramada, el olor a grito destripado de las familias ametralladas a la orden del general Roberto Silva Renard, un tipejo con amplio currículum criminal, responsable directo de las masacres de los obreros del salitre en huelga en 1907 y de los ciudadanos que protestaban contra la subida del precio de la carne en Santiago en 1905.

Educada en un ambiente anarquista, con unos padres que seguían los principios pedagógicos de Francesc Ferrer i Guàrdia, Flora creció entre los sueños de lucha diaria de los amigos y conocidos de la familia, exiliados llegados de todas partes, como Juan De Marchi, aquel viejo anarquista que impregnó de humanismo a un joven Salvador Allende.

En 1935, Flora, 23 años, decide viajar a España, a las raíces de su conciencia, para vivir los cambios sociales que se están viviendo…hasta que llega la muerte decretada por los militares fascistas. El bien más preciado es la libertad y Flora Sanhueza lo defiende con fe y valor en las calles de Barcelona el 19 de julio. No dejará el fusil y marchará al frente con la Columna Durruti.

Tras la derrota republicana, Flora y su compañero, un comunista yugoslavo, pasan a Francia para ser internados en campos de concentración, de los que conseguirán salir en 1942 para integrarse en la Resistencia hasta el final de la II Guerra Mundial. Flora decide que es el momento de regresar a Chile. Es el año 1946 y el abogado Gabriel González Videla acaba de ganar las elecciones con el apoyo del Partido Comunista, al que brinda tres carteras ministeriales.

Flora Sanhueza llega a Chile en 1947 para descubrir que González Videla ha salido rana. O más exactamente rata. Es González Videla la rata que sacude su pelambrera llena de estiércol y de sangre sobre la tierra mía que vendió. Todo lo ha traicionado. Vía Ley de Defensa Permanente de la Democracia prohíbe el Partido Comunista y desencadena una feroz represión contra el movimiento obrero.

Flora realiza un hermoso acto de resistencia. Crea el Ateneo Libertario Luisa Michel dedicado a la educación de las mujeres que tejen redes de pesca. Educación y tejer redes de apoyo mutuo, aunque sea desde la práctica clandestinidad, para resistir, que los tiempos apenas permiten otra cosa cuando a González Videla sucede el general Carlos Ibáñez del Campo en su segundo abordaje a la poltrona presidencial. El Ateneo se convertirá en Escuela Libertaria Luisa Michel, abierta también a los hijos e hijas de la clase trabajadora.

La escuela aguantó presiones de todo tipo hasta inicios de 1960, pero Flora continuó implicada a fondo con su comunidad, en Iquique, prestando apoyo y calor a quien lo necesitara. Chile, preso de las oligarquías que lo habían vendido a los intereses ingleses del nitrato y a los intereses estadounidenses del cobre, forjaba la Unidad Popular para ser devuelto a manos de su gente. Un viejo amigo de la familia, Salvador Allende, llegaba a la presidencia. Y los de siempre volvían a decretar la muerte.

El 11 de septiembre de 1973, Flora Sanhueza es sometida a arresto domiciliario y posteriormente es trasladada con su hijo Héctor Pavélic al campo de concentración de Pisagua. El campo de concentración de Pisagua lo había inaugurado González Videla para atiborrarlo de presos comunistas y allí hizo sus primeros pinitos un teniente llamado Augusto Pinochet. Cerrado en febrero de 1949, fue reabierto por Ibáñez del Campo. En septiembre de 1973 volvió a entrar en funcionamiento bajo el mando de otro insigne psicópata uniformado, el teniente coronel Ramón Larraín Larraín.

Ejecuciones y torturas marcan el día a día en el recinto. A Flora la cuelgan de un pilar y hacen tiro al blanco con ella, sin darle, para echarse unas risas. A muchos prisioneros los entierran en la arena hasta el cuello, bajo el sol del desierto, mientras los militares se acercan a orinarse en sus cabezas. Un joven soldado de 19 años, Michel Nash, se niega a participar en la barbarie. Es fusilado. Flora Sanhueza es brutalmente torturada, incluyendo la violación delante de su hijo.

Flora Sanhueza, 63 años, el cuerpo roto, acaba ingresada en el Hospital San Juan de Dios de Santiago. Allí morirá el 18 de septiembre de 1974. Sus restos volvieron a Iquique, a un pequeño pedazo de tierra, un jardín de acracias.

Publicado en : labocadora

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