COLUMNA

Arica: Solidaridad y lucha para derribar el sistema neoliberal

Enfrentamos una crisis que se venía gestando hace muchos años y que hoy la vemos con mayor claridad. Crisis sanitaria, social, económica, de los cuidados, ambiental, son algunas de las características de esta crisis mundial que nos plantea la urgencia de derribar el sistema neoliberal que se ha impregnado en cada espacio de nuestras vidas. En Chile, el Estado sólo ha dado respuestas económicas, a través de un paquete de medidas asistencialistas como bonos, fondos de emergencia y entrega de cajas con alimentos; y mediante la flexibilización (aún más) de los trabajos. ¿Cómo se vive esta crisis en la región de Arica y Parinacota? ¿Y cuáles han sido algunas de las respuestas de los sectores populares a la crisis?

Para tener una idea general de la situación de nuestra región, según datos de la encuesta CASEN del 2017, en Arica y Parinacota el porcentaje promedio de personas en situación de pobreza por ingresos es de 8,4%, que en su mayoría son mujeres y se encuentran entre las edades de 18 y 44 años (El total nacional es de 8,6% y la región de la Araucanía es la que tiene el índice más alto con 17,2% de personas en situación de pobreza por ingresos). Además, el 10,6% de las personas en situación de pobreza corresponde a indígenas y 25,1% a migrantes. Esto significa que sus ingresos no alcanzan para adquirir una Canasta Básica de Alimentos (CBA) y una Canasta Básica de Bienes y Servicios No Alimentarios (CBNA). Estos fríos números son sólo una muestra de la realidad que se aprecia en los pueblos del interior, en las poblaciones más pobres de Arica y en los campamentos que se mantienen en la ciudad (ej. Bajo Pedregal, Esperanza 2001, Oasis del Desierto, San Martin y Villa Frontera y San Miguel de Azapa), donde las personas no cuentan con los servicios básicos de agua y luz, ni condiciones de habitabilidad. En la región, 22,1% de los hogares carecen de habitabilidad, y 8,3% no tienen servicios básicos.

Con este panorama, el decreto de la cuarentena total llegó a la ciudad de Arica, desde el 16 de abril al 15 de mayo, donde miles de personas se vieron imposibilitadas de salir a trabajar y ganar el sustento diario, sin seguridad económica ni menos social. La cuarentena fue un fracaso y los contagios siguen en aumento. Ante esta situación, una de las respuestas ha sido la organización de ollas comunes autónomas en la ciudad, para enfrentar el hambre. Una de ellas es la “Olla Común El Cucharón de la Resistencia”, que surge desde la “Asamblea Territorial Rotonda Tucapel”, en octubre de 2019 en medio del estallido social para alimentar a la Primera Línea, y que ha dado continuidad a su trabajo en tiempos pandémicos.

Las ollas comunes han sido una tradición en la organización popular a lo largo de la historia nacional. Un antecedente de ello son las “ollas del pobre” gestionadas por el Estado y las Iglesias durante el gobierno de Arturo Alessandri (1932-38) tras la crisis de 1929, donde la olla funcionó como un mecanismo político para reducir el descontento social y alimentar a la fuerza de trabajo. A fines de los años 40 aproximadamente, las ollas comunes emergen en las tomas de terrenos, instalándose en la vida nacional en los años 60 organizadas por lxs pobladorxs. También fueron frecuentes durante las huelgas de trabajadores y sindicales, como un instrumento de denuncia, y que a su vez generó un espacio de organización de las mujeres. Es durante la dictadura, que las ollas comunes se vuelven permanentes, como respuesta de los sectores populares para sobrevivir y resistir al régimen, organizadas por grupos familiares residentes en una misma zona habitacional, barrio o campamento (1). En las actuales condiciones económicas, sociales y políticas del país, las ollas comunes vuelven a ser un mecanismo válido de sobrevivencia, para asegurar algo tan básico como es comer, al mismo tiempo de demostrar que las reivindicaciones que se vienen planteando desde octubre del 2019 son más necesarias que nunca.

La siguiente entrevista fue realizada a fines de junio de 2020 en una de las jornadas de la “Olla Común El Cucharón de la Resistencia”, en la esquina de las calles Cancha Rayada con Amador Neghme, en la ciudad de Arica.

En Arica, ¿Cómo nace la “Olla Común El Cucharón de la Resistencia”?, uno de sus coordinadores, nos relata:

A partir de noviembre nos juntamos como “Asamblea Territorial Rotonda Tucapel”, un grupo de personas que estábamos en la rotonda Tucapel en las manifestaciones. Entonces nos decidimos organizar para llevar las exigencias que tiene la gente y hacer una asamblea y de ahí dar ideas para la demás gente, enrielar la protesta en un sentido, porque protestar no es solamente ir a tirarle piedras a los pacos, hay diferentes formas. Hay una forma que no sirve que es las marchas. Las marchas no sirven para nada si no tienes fuego, no tienes barricadas no sirven, si no hay ruido no hay protesta. Por eso nosotros nos manifestamos ahí en la rotonda Tucapel, cerramos calles, hicimos barricadas, luchamos contra la represión militar, contra la represión policial, contra el imperialismo, el capitalismo, que nos tiene así como estamos ahora. Y por eso organizamos la “Asamblea Territorial Rotonda Tucapel”. Luego se hicieron unos afinamientos, se empezó a cohesionar un poco más la cosa, achicamos el grupo, nos unimos con otras asambleas como la “Asamblea Autoconvocada del Parque Lauca”, los carcelarios que ven a los presos políticos, y “Las Kiltras” que es un colectivo que viene a colaborar a la olla común.

El día 18 de noviembre hicimos la primera olla común en la rotonda Tucapel, y de ahí cada mes en 18, en que nosotros conmemorábamos el mes de protesta, hacíamos una olla común y a partir de marzo del 2020 empezamos a hacer olla común dos veces a la semana. Le colocamos un nombre y se llama “Olla Común el Cucharón de la Resistencia” por lo mismo, porque estamos resistiendo ante la pandemia del covid-19, ante el imperialismo, ante la Cámara de Diputados, ante la Cámara de Senadores, ante el Presidente, ante el Ministro de Economía, de Defensa, ante el Poder Judicial, el poder Legislativo y el Cuarto Poder del Estado que es el poder de los Medios de Comunicación, que esos son los que están entorpeciendo a la gente, las están brutalizando en su casa, mostrándole como muere gente de covid, mostrándole la delincuencia que es fruto del capitalismo. La delincuencia es fruto de que los legisladores y que todos los gobiernos no se han puesto los pantalones por la gente, no han sabido que la gente está luchando. En la televisión hay unos tipos que tratan a la gente humilde como pobre porque es floja, siendo que quién va a ser floja si la gente en Santiago se levanta a las 5 de la mañana a tomar una locomoción para ir a trabajar. Acá en Arica es un poco más chico, pero igual se levanta a las 6 de la mañana para llegar a las pegas temprano. Entonces ¿de qué momento hablas de flojera? Es un tema del gobierno y de todos los tipos que están en el poder, no hay oportunidad para la gente no hay oportunidad para los jóvenes para estudiar, la salud es como las weas, la educación es como las weas, las leyes son el contra del pueblo. El rico queda libre y el pobre queda preso en la cárcel. Cárceles hacinadas completas porque hay tanta delincuencia debido a que no hay oportunidades, debido a que la gente no puede surgir con un trabajo porque si tu tienes un sueldo digno, que no es un sueldo mínimo de 300 lucas, 500 lucas mensuales. Imagínate que el papá y la mamá trabajan y es 1 millón de pesos mensuales, Una familia de 4 personas puede vivir con un millón, pero ¿con 300 gambas, con 280? son 560 lucas entre 2. Son los papás que trabajan ¿y qué hacen los hijos? Los papás trabajan de sol a sol y los hijos están solos, en las calles, en barrios marginales donde hay droga, donde la policía no es capaz de controlar la droga y donde todos los servicios que son de frontera no sabe controlar. Cachai que también a los tipos los mojan pa pasar droga, hay contratos por debajo de la mesa, entonces eso es lo que quieren ellos. Quieren que nosotros seamos pobres, seamos alcohólicos, que seamos drogadictos, que seamos ladrones, pero ellos no saben que hay gente que se esfuerza, hay gente que trabaja caleta, que tiene dos trabajos, y aún así no pueden vivir de manera digna. Y después de eso, después que no tienes salud, que no tienes estudio, que tienes malos sueldos. Después viene el tema de las pensiones, de la jubilación. Tú si eres viejo en este país te mueres. La palabra jubilación viene de júbilo y júbilo es alegría y ¿quién es alegre con una jubilación de mierda, una pensión de mierda, una pensión solidaria de 90 lucas? ¿Tu crees que a alguien le va a alcanzar? si los abuelos gastan más de 50 lucas en remedios. Y esos remedios también los debería costear el gobierno. Debería dar las garantías pa que la gente esté bien, para que la gente esté contenta.

Es por eso que nosotros levantamos estas olla comunes y decidimos andar en las poblaciones vulnerables, donde hay gente que ya no tienen trabajo, porque nuevamente el capitalismo y el empresariado le dio vuelta nuevamente la espalda al obrero, y el obrero quedó desempleado, retirando su sueldo de su propio ahorro. Y los tipos tiran leyes y las firman pa cagarlos más. Quieren un sistema de salud debido a la pandemia, que la gente esté en cuarentena, confinada en sus casas, pero ¿bajo qué garantías te vas a quedar en tu casa? Unas cajas culiás de mercadería, disculpa la palabra, pero que más encima acá en Arica metieron la mano negra nuevamente, el Pilo Durana, el Intendente Erpel, el Giancarlo Baltolú, metieron a un palo blanco y lo hicieron postular y ganó solo (la licitación de compra de cajas). Entonces de nuevo congelaron las cajas pa Arica. Ya van 7 días más. Ya van como 15 días que no se reparte nada. La Alcaldía si bien hizo su pega, entregó cajas, pero tampoco fue suficiente (…) Entonces por todo esto que te he comentado es que estamos acá. Tratamos de golpearle los tobillos a las autoridades, que les duelan los tobillos así pa que se caigan.

“El Cucharón de la Resistencia” si bien se organiza a partir de una necesidad particular, quienes participan en la olla poseen vínculos políticos que los identifican y que los hacen conformar una comunidad donde la solidaridad y la amistad son componentes básicos de su andar. Al ser una olla móvil, que se desplaza por los barrios más pobres de la ciudad para entregar comida, su carácter territorial es mucho más amplio. La solidaridad no se fija a los límites de un barrio, porque la crisis es generalizada y el apoyo del Estado es ineficiente. El trabajo en la olla comprende la difusión de lo que hacen mediante redes sociales, la recolección de los alimentos, la instalación de los implementos para cocinar, la preparación de las comidas y su entrega, tomando las medidas sanitarias necesarias para evitar contagios. Con respecto al cómo se organizan, nos cuentan:

Prácticamente nosotros, como “Asamblea Territorial Rotonda Tucapel”, tenemos casi todos los implementos para cocinar, que es la cocina, el gas y vamos recibiendo donaciones a través de la página de la Asamblea. Nosotros fotografiamos todas las ollas comunes, las promulgamos en redes sociales. Si alguien me donó un juguito yo le saco la foto al niñito que le estoy entregando el juguito, entonces la gente se va auto convenciendo de que la olla común está haciendo su trabajo, de que la luquita que tú pusiste la ocuparon en un kilo de morrón, en un poco de cebolla, que los fideos que donan se están haciendo, que el arroz se está preparando. Entonces la gente queda conforme y ahí nos vamos autogestionando y nos vamos haciendo de voluntarios que van donando, de donadores constantes, debido a la transparencia que ponemos acá. Y ahí te digo viene el colectivo las Kiltras, los Autoconvocados del Lauca que igual nos ayudan. Ahora ampliamos porque ahora estamos entregando desayuno y almuerzo, y una vez a la semana estamos haciendo once comunitaria en la rotonda Tucapel. Estamos haciendo churrasquitas, chocolate, tecito pa la gente, pancito. Entonces en esa estamos, no vamos a parar hasta que esto termine. Y creo que somos la primera olla común que se hizo acá en Arica durante el estallido y durante la pandemia. Y las otras ollas comunes son de pronto por moda, porque están entregando 30, 40 porciones, en las juntas vecinales. Hay algunas que más, pero ya metió la mano la gobernación, la Intendencia, la alcaldía, y somos los únicos que no hemos dejado que nos metan la mano a nosotros. Somos autogestionados. Vamos a machetear verduras al agro, con el megáfono, con carrito de supermercado, llenamos el auto con verduras y así nos autogestionamos y nos autoabastecemos con eso, con la gente. El lema de las ollas comunes en Chile es “El Pueblo ayuda al Pueblo”, entonces nosotros apelamos a ese lema. 

Tres veces a la semana se reparte comida, martes y jueves es desayuno y almuerzo en diferentes poblaciones, y los sábados “Las Churrascas Insurrectas” se toman la Rotonda Tucapel, lugar emblemático de las manifestaciones en Arica. La mayoría de las personas que van en busca de comida son abuelitas y abuelitos, y personas en situación de calle, quienes llevan su olla o su vianda para recibir comida caliente. Ya son 4 meses sin interrumpir esta rutina, que ha recorrido el Cerro Chuño, Los Industriales, la 11 de septiembre, la San José y otros barrios de Arica, en que se han aprendido muchas cosas sobre la gente y la ciudad.

Lo que he aprendido es que la gente tiene hambre, que a la gente le faltan oportunidades, que hay mucha gente que está sufriendo y que con esto de la pandemia y del estallido social se ha notado más. Es gente que siempre ha estado sufriendo, pero que nosotros nunca lo hemos visto, nunca los hemos escuchado y eso es lo que te va pagando tu sueldo. Sabiendo que está pasando en la pobla, que está pasando con la gente, con los abuelitos, con la tercera edad, con los niños que están sin clases y todo el tema, y acá se trata de hablar con las personas cuando hay tiempo. De 50 personas tu hablai con 20, con 15 y les vas abriendo los ojos y la gente entiende. Lo lamentable es que llegan a su casa, prenden el televisor y los vuelve a meter en la idiosincrasia de Chile, y los vuelve a hacer estúpidos y pobres. Una cosa es ser pobre de no tener dinero, pero tú tienes que ser rico de mente, tienes que pensar, que opinar. Hay gente que no opina, gente que se queda callada, gente que le da vergüenza pedir. Eso es lo que hemos aprendido.

Desde que las ollas comunes surgen en las comunidades organizadas han sido duramente reprimidas, y en el actual contexto se les ha vuelto ha criminalizar. Hace un par de semanas hemos visto casos de violencia policial en los espacios de comida y la Subsecretaría de Prevención del delito hizo público un “Protocolo de Permisos Solidarios para el suministro de Alimentos”, que busca normar las cocinas comunitarias mediante un catastro de quienes participen, lo que deja en claro las intenciones del gobierno de controlar cualquier espacio de organización popular, que peligrosamente nos acerca a un Estado dictatorial.

El Martes 14 de julio, la zona urbana de Arica entró en su segunda cuarentena total por el constante aumento de contagios, medida que nuevamente confina a las personas sin ayuda. “El Cucharón de la Resistencia” no dejará de cocinar y ante cualquier intento de castigo, dice: “No estamos ni ahí con la represión. Las pasamos por donde queremos. Que vengan los milicos o los pacos a wear, los mandamos a la chucha. Y toda la gente que viene a recibir comida también los va a mandar a la chucha. Los weones no tienen por donde”.

Por Colectivo Wila Pacha

Notas :

(1)Hardy, Clarisa (1986). Hambre + Dignidad = Ollas Comunes. Colección Experiencia Populares: Chile. Gallardo, Bernarda (1985). El redescubrimiento del carácter social del problema del hambre: Las Ollas Comunes. Documento de trabajo, Nº247. FLACSO: Chile.

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