Chile

Un País llamado Salvador Allende

Definitivamente el 11 de Septiembre es una fecha que divide a los chilenos. Los divide entre perdedores y vencedores. Entre explotados y Explotadores. Los derechos fundamentales, desde los más básicos hasta los más sublimes desaparecieron un nublado martes 11 de 1973.

El número 11 nunca aparece en la simbología cristiana, a pesar de los fundamentos religiosos de los militares en su santa cruzada contra el marxismo y sus seguidores. El 11 es una cifra Maldita, pecaminosa e incompleta, que está entre el 10 (perspectiva humana) y el 12 (perspectiva cósmica). Los Apóstoles quedaron reducidos a 11 después de la traición de Judas. San Agustín indica: El 11 es blasón (escudo) del pecado.

Desde que este país pasó a llamarse Chile, tuvo por primera vez, en toda su historia la oportunidad de hacer algo grande, noble y hermoso por todas las generaciones postergadas y maltratadas, que murieron sin poder ver una mañana distinta, bajo los gobiernos esclavistas a que fueron sometidas.

Desafortunadamente, el egoísmo, motor de la historia, pudo más. La avaricia, espina dorsal de la humanidad, pudo más.

Y entre deficiencias, desacuerdos y felonías al por mayor. La venganza de los patrones no se hizo esperar. Tres años haciéndoles perder ganancias, tres años tratándolos de tú y no de amos, fueron suficiente motivo como para que todo el rencor acumulado que tuvieron, lo depositaran en sus perros entrenados. El machete empresarial se volvió corvo militar.

El presidente Salvador Allende en La Moneda el 11 de septiembre de 1973. Fotografía de Luis Orlando Lagos Vásquez

Ya sabemos que todo aquel que fuese obrero, campesino, dueña de casa, indio o estudiante era marcado como ganado, o a balazos o a fierros candentes en los costados.

De cuerpo mataron a miles, y de adentros millones…

Los que sobrevivieron, se han ido muriendo, unos, poco a poco, otros, por mano propia. Dentro de algunos años, habrán muerto los últimos sobrevivientes.

Menester es decirles que cuenten sus memorias, que anoten sus historias. Los ricos no olvidarán su gran momento, aquel 11, siempre que tratemos de lograr una vida mejor, lo invocarán.

Momentáneamente duermen los filos cristalinos de los sables desgastados a roce de carne amarrada, de esos viriles villanos, duermen. Ya se han marchitado las hojas de los corvos de talantes mortuorios, esperando el momento preciso para florecer entre los soñadores.

Estas piedras, estos bosques, estas calles que vieron crecer las infancias truncadas, cuanto de terror llevan a título de nombres, cuanto de impunidad asqueante, que de caminos que conducen a un pasado vergonzoso, el cual intentan una y otra vez ocultar, cambiar, permutar y vender en su torpe hábito de compra y venta de ideales, sueños, utopías y quimeras.

El olor de los neumáticos quemándose es la vaho atrasado que va horadando una vez más, una vez más la oquedad que conduce a las raíces primarias de nuestra historia. Nos llenaron de dolores prematuros, de demencia precoz abundante en el semblante generacional que se esconde en la estupidez, la frivolidad y el olvido.

Recorrían las calles, las casas, las caras, buscando llenar sus bodegas de derrotados.

Y sin embargo, sólo hoy, las multitudes lloran, gritan y envuelven sus puños en rabia de recuerdos recortados a puñaladas horrorosas que trajo el horror de los ricos sobre Chile.

Los zapatos patean, huyen y marchan sobre los mismos pasos que siguieron sus hermanos años atrás.

Y hay tantos de aquellos que caminan por las alamedas indiferentes y no ven los charcos de sangre que aún destilan y tiritan nombres que ya nadie recuerda.

Tantos que no divisan esa enredadera de huesos que sube por los edificios públicos y los balcones, que va adosada de ligamentos que apuntan regimientos y entran por las ventanas pidiendo un poco de agua.

Hay de aquellos que nacieron en otro tiempo, que no supieron lo que era beber silencio, oscuridad, oscuridad, y alaridos desgarrados que atravesaban el cemento, los momentos…

¿Es cierto que mientras ellos gritaban, ustedes los ricos celebraban y brindaban?

Que callaron por años, que aún siguen callando. Primero por desprecio, después por conveniencia y por último por cobardía.

Ciertos Pueblos Originarios de América del Sur suturaban las lesiones de una forma muy especial. Unían los bordes de una herida y colocaban una hormiga o escarabajo para que los mordiera; cuando el insecto lo hacía, le retorcían el cuello rápidamente, y quedaban las mandíbulas rígidas al morir, las cabezas unían las partes abiertas y actuaban como increíbles puntos de sutura, luego el torrente sanguíneo deshacía los restos del insecto.

¿Pretenden de la misma manera curar las heridas de este Chile moreteado, mordido y herido?

Que el tronco de seres humanos que lucharon por un mundo mejor, quede cabeza abajo, escondidos, olvidados, menospreciados y asesinados, pretendiendo que nada ha pasado.

Que sólo fueron cabezas vacías de sueños, sentimientos, familias, amores y anhelos…

Imagino vuestro desencanto, ni todo el dinero del mundo puede borrar el Sacrificio de un Presidente Honesto. Lo han Intentado por años y años. He imagino como deben odiar a aquellos que honran y siguen su ejemplo.

A pesar de todo, Salvador Allende y esos hombres anónimos que lucharon un día, se repiten una y otra vez en canciones, cuentos, poemas y versos que el mundo declama.

Para ustedes, los vencedores, sólo desprecio y vergüenza.

Por Andrés Bianque Scuadracci

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