Opinión

FASCISMO Y SOCIALDEMOCRACIA: DOS CARAS DE UN MISMO SISTEMA

En determinados momentos históricos, los capitalistas recurren al terror fascista. En otros momentos recurren a la socialdemocracia, en alguna de sus diferentes variables 

“La cara amable” del capitalismo aparece como la forma mas segura y duradera de dominación”

 Lejos de desaparecer, según sostiene el discurso posmoderno, la clase trabajadora crece imparablemente desde hace decenios, alimentada por los elementos que la propia mecánica de la competencia y la acumulación capitalista, que continúa destruyendo a  la pequeña y la mediana burguesia.

   Que la clase obrera actual no es idéntica a la clase obrera de principio o mediados del siglo pasado es un hecho evidente, pero esto no puede dar crédito alguno  a la interesada ocultación de la permanencia de la division de la sociedad en dos grandes clases: la clase minoritaria de los poseedores de los medios de produccion y la clase mayoritaria, cuya única posesión y medio de vida es la venta de su fuerza de trabajo.


   Esta circunstancia, que marca la diferencia entre las dos grandes clases sociales (con variadas subdivisiones), es algo tan presente hoy como podía serlo hace un siglo o en los albores del sistema de producción capitalista. Y,  como podemos constatar de manera clara en los últimos decenios, se profundiza implacablemente. Cada vez son menos y mas poderosos los exclusivos poseedores de los medios de producción y cada vez son más y más depauperados los desposeídos.

   Las sucesivas crisis capitalistas, crisis de sobreproducción inherentes al sistema, son cada vez mas profundas y cercanas en el tiempo e incrementan en cada nuevo episodio la brecha cuantitativa y cualitativa entre poseedores y desposeídos.

   Los Estados capitalistas“hasta en las repúblicas más democráticas”, son, como ya saben hace mucho los sectores mas conscientes de la clase obrera, el consejo de administración de toda la burguesía. La herramienta que los poderes económicos capitalistas utilizan para perpetuar su dominio sobre las clases subalternas, asegurando así sus ganancias y privilegios de todo tipo.

   El malestar social generado por la imparable pérdida de derechos sociales, laborales y económicos que las cada vez más intensas y asiduas crisis económicas sistémicas provocan, obliga a los poderes económicos a reforzar el control ideológico sobre las mayorías trabajadoras y populares.

   En determinados momentos históricos, los capitalistas recurren al terror fascista. En otros momentos, cuando les sale más a cuenta o cuando el recuerdo y rechazo popular de los horrores del fascismo está muy presente, los capitalistas recurren a la socialdemocracia, en alguna de sus diferentes variables.

   La socialdemocracia y el fascismo son, pues, dos caras, dos facetas del aparato de dominación, que el Capital utiliza a su conveniencia en uno u otro momento.

   La “cara amable” de la dominación capitalista, la socialdemocracia, aparece en los últimos tiempos como la forma mas segura y duradera de dominación. La socialdemocracia, con la connivencia de sus simpáticos representantes políticos, mantiene a las masas, de manera eficiente, en la ilusión de la posibilidad de mejoras y avances sociales a través de las acciones de un sistema representativo , un gobierno , instituciones y un Estado supuestamente democráticos, presentando a este último como una entidad neutra e impersonal, benevolente, ecuánime y ajena a los intereses particulares de las diferentes clases sociales.

   Los capitalistas sostienen y alimentan ambas manifestaciones -fascismo y socialdemocracia- y al mismo tiempo los presentan como intereses totalmente contrapuestos e irreconciliables. En muchas ocasiones el fascismo se utiliza como un mero espantajo, un odioso agravio comparativo que refuerza los supuestos valores y virtudes de la socialdemocracia y la hace más creíble y amable.

   Fascismo y socialdemocracia se retroalimentan en el juego de sus propias falacias y supuestas virtudes transformadoras, mientras ni uno ni otra ataca la raiz de los males sociales y económicos: la profunda contradicción que existe entre el caracter social de la producción y el caracter privado de su apropiación.

    Los partidos del fascismo y la socialdemocracia son ambos partidos de la burguesía, partidos de la gran patronal, de los monopolios industriales y financieros, y todo su accionar tiene como objetivo asegurar el dominio ecónomico y político de estos, en contra de las justas reivindicaciones y luchas que pudieran presentar las mayorías trabajadoras.

   En nuestro país, y en la actualidad, en la lucha entre las fuerzas mitológicas del bien y el mal de la farsa democrática, los poderes económicos parecen tener un claro favorito. Las fuerzas de la socialdemocracia les estan haciendo un gran servicio, mejor del que incluso ellos habían planeado, ¡con nulos costes colaterales! 

    No ha sido en vano el esfuerzo económico y mediático que se ha tenido que realizar durante algun tiempo. Estos chicos y chicas tan simpáticas de la nueva socialdemocracia realizan muy eficientemente su encargo, en mayor medida incluso de lo esperado, y ni siquieran necesitan aparentar defender los intereses de los trabajadores.

Por  José Antonio Delgado, publicado en Canarias Semanal

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