Chile

“La Violencia ¿No es la Forma?”

Tal como ocurrió el año pasado luego del estallido, hoy, nuevamente, se ha vuelto un lugar común hablar y rechazar la Violencia. “Violencia absurda, irracional: dos buses quemados, semáforos destruidos”, así exclaman alarmadas ciertas voces por los medios, llamando a recuperar una malentendida paz social. Sin embargo, esas mismas voces caen en la frivolidad de llamar a cualquier cosa como violencia con connotaciones políticas. Violencia es lo que ocurrió en Colombia, por ejemplo, en 1948 luego del asesinato del líder político Eliecer Gaitán, y que provocó que Bogotá se quemara por sus cuatro esquinas y llevó a décadas de guerra civil con las guerrillas.

Lo que vemos en Santiago son desórdenes públicos, que pueden derivar en disturbios, pero está muy lejos del escenario apocalíptico que nos quieren hacer creer. Hay muchos periodistas que realizan RR.PP. para los grupos de poder y opinólogos de toda calaña, además de viejos rostros de la Concertación, que ven en cualquier manifestación signos de anomia, y salen en coro a rechazar los actos de violencia del lumpen que “irían en contra de la demanda social, generando desconfianza en la ciudadanía”. Este grupo de politicos, que se autodenominan como “la Izquierda Democrática”, parecen desligarse totalmente de su responabilidad política, pues gobernaron el país durante los años en que se incubó el actual malestar social. Además, resulta bastante extraño que a estas personas les espante la destrucción del alumbrado público, pero muestran un alto grado de hipocresía, y guardan silencio ante las marchas de grupos neo-nazis apoyados por Carabineros.

Sin pretender desconocer los destrozos que ocurren en la vía pública y que complican la circulación por la ciudad, ninguno de esos hechos puede equipararse con la violencia estructural de la sociedad chilena: La violencia de las colusiones de las Farmacias, los ataques sistemáticos en contra del pueblo mapuche, la violencia de recibir jubilaciones miserables, la violencia de vivir en poblaciones sin acceso al agua porque está privatizada. La violencia de tener que hacer bingos para poder luchar contra el cáncer u otras enfermedades. Hay quienes se lamentan por la destrucción de semáforos, pero se les olvida que hay otros que jamás volverán a ver las luces de un semáforo por la ceguera que les produjo la violencia estatal, etc.

Nuestro actual proceso constituyente no habría tenido la más minima oportunidad de ver la luz de no ser por la revuelta de octubre del 2019, pues sabemos que buena parte de la clase política se oponía a materializar cualquier reforma constitucional. Algo similar se podría decir de otras reivindicaciones, como la impulsada por la Coordinadora NO+AFP, que por años realizó masivas marchas pacíficas y cuyas demandas jamás fueron canalizadas por el sistema politico. A pesar de los que señalan que “la violencia no es la forma”, una y otra vez la porfiada realidad nos muestra que, cuando se bloquean por tanto tiempo los cambios sociales, la violencia parece ser la única opción viable.

Por Cristián Martínez Arriagada, Cientista Político

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