Chile

“La Convención en Disputa: Tía Pikachú v/s las elites”

Luego del avasallador triunfo del Apruebo y de la Convención Constitucional en el reciente plebiscito, el debate político se ha centrado en si la Convención logrará ser una entidad representativa de toda la sociedad o si solo actuará como un segundo Congreso, donde solo tienen cabida representantes de partidos políticos. En este sentido, se ha creado un dilema entre ciudadanía v/s políticos profesionales, o para ser más específicos, pueblo v/s elite. Debido a que el Acuerdo del 15 Noviembre no dejó especificado cómo incorporar a los independientes, es que se han creado varias instancias de participación de personas que no militan en partidos, pero que desean incidir en el debate constitucional que están exigiendo, con toda justicia, algún mecanismo que flexibilice la posibilidad para que compitan y sean constituyentes. Ante esto, ha surgido la reacción de cierta elite intelectual, que considera que el ingreso de personas sin las habilidades pertinentes podría afectar negativamente la discusión constitucional.

Dentro de estas voces están centros de estudio, como el Instituto de Estudios de la Sociedad (IES), quienes han señalado que lo que está en juego es demasiado importante como para dejárselo en manos de “cualquier ciudadano de a pie”, poniendo como ejemplo de aquello a la Tía Pikachú, quien ha manifestado su legítimo interés de participar como constituyente. Este grupo de “intelectuales” señala que quienes debieran redactar la Constitución deben ser “expertos”. En una coincidencia de apellidos, quien firma dicha columna se apellida Ortúzar, igual que el famoso abogado de ultraderecha que dirigió la Comisión encargada de redactar la Constitución de Pinochet.

Por otra parte, tenemos a “la calle”, a los ciudadanos de a pie, que señalan, no sin justa razón, que este proceso constituyente se logró gracias a la masiva movilización ciudadana, por lo tanto, el proceso le pertenece al pueblo y no a la “corrupta clase política”. Compartiendo esta posición, creo que es necesario establecer ciertos matices: quiero intentar interpretar, que cuando dicen “no más partidos ni politicos”, en el fondo quieren decir, “no a los mismos políticos de estos treinta años”, muchos de los cuales están involucrados con redes de corrupción. A su vez, los llamados “independientes” no son tales, pues todas las personas tienen posiciones políticas más o menos definidas, en política nadie es neutro. Otra cosa muy diferente es que no militen en una orgánica partidista. Ahí veo un malentendido, pues pese a su mala fama, los partidos son imprescindibles para el buen funcionamiento de cualquier democracia, son entes que median entre el ciudadano y el Estado, son los que canalizan las demandas. Hasta el día de hoy, no se ha logrado crear otra instancia que los reemplace, y donde no los hay, tarde o temprano se genera una organización que se institucionaliza y convierte en un partido político.

Personalmente, he conocido a militantes de altos cargos, como Camilo Escalona (ex presidente del PS), un tipo despreciable por donde se lo mire, Pero también a la María, una vecina que toda su vida militó en el PS, que nunca tuvo un cargo en el partido, que vivió humildemente, que nunca recibió una coima y realmente creía en el legado del presidente Allende.

A mi modo de ver, lo ideal sería que la Convención la conformaran personas independientes como la Tía Pikachú y también como la María, una militante de base, dirigente social, que no por pertenecer a un partido tiene que ser excluida como si tuviera alguna enfermedad contagiosa. A los que hay que jubilar de una vez y dejarlos fuera de este juego, son a los Escalonas o a las Doctoras Corderos, figuras mediáticas que cumplen con el requisito de ser “independientes”, pero que cargan con un clasismo enfermizo y cuya fama se debe a decir estupideces por la TV. Por eso llamo a la mesura y a intentar lograr un equilibrio, porque un gobierno que no considera al pueblo se llama Oligarquía, pero uno que no considera a los partidos se llama Dictadura. Por lo demás, tenemos un muy buen ejemplo de una Constitución que se redactó sin consultarle ni a los independientes, ni tampoco a los partidos politicos. Esa Constitución es la de 1980, y es justamente la que queremos cambiar.

Por Cristián Martínez Arriagada, Cientista Político

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