Chile

Cantos de Sirena, para que nada cambie

Flaites Ilustrados Capítulo 6 : Estrépito de estertor social insistente.

El movimiento social chileno es acéfalo. La dictadura militar/mercantil eliminó individuos e ideales.
Los sobrevivientes adaptaron determinadas formas de expresión. Una gran totalidad vendió caro sus ideales, pero los vendió. La proposición de podas u ornamentos se hizo base de la clase. Otros, los menos, siguieron cuestionando la raíz del sistema.

Los partidos que se autodefinen vanguardia tienen poco o nulo arrastre social. Idealistas sin programas políticos claros o meros funcionarios pagados o sanguijuelas y lambiscones con críticas superficiales.
Los movimientos que en su momento tuvieron su esplendor, son fragmento de rescoldo, que de vez en cuando enciende algo, pero principalmente dejaron solo y desarmado a su pueblo, porque prefirieron adaptarse a los nuevos tiempos. Irónicamente los delincuentes armados o el narco es quien le hace frente a la represión, sean cuales sean, las aguas que mueven las aspas de sus molinos.

Mientras tanto, como si fuese una anatema repetitiva, los mismos que no quisieron hacer nada más que arreglos y parches, son los mismos que llaman a cabildos y caldillos de sol radiante, a proponer cómo mejorar el sistema económico que se cae a pedazos de pastelones sobre los peatones de moretones siempre verdes, siempre grises de firmas militares familiares.

Gracias a dios, la patria, la bandera y la virgen santa, que hay anarquistas en estos tiempos, y que tienen los cojones y ovarios de reemplazar en la calle a varios sicarios de la desgracia ajena que pretenden remodelaciones y no revoluciones en contra del sistema, porque, como dice el mito falaz y manipulativo de algunos: “hay que destruir/pulir el sistema por dentro”
Y el sistema es un casino que te deja entrar, jugar, ver tu reflejo en las luces de colores, pero la casa siempre gana, siempre. Esas son las reglas y las sabes desde que entras. Nadie te obligó a entrar.

Menos mal que hay comunistas consecuentes, luchadores sociales, andinistas y ciclistas, gente de a pie, que no tienen ningún partido que les tire la correa para que no opinen o se muevan. Nadie les aprieta el bozal ideológico de ganancias o el barómetro político del “cómo vamos ahí” si no nos movemos o no hacemos nada, de acuerdo al titiritero de turno, que dicho sea de paso, es esa libertad cruda y frontal, la derrota letal en contra de los del Olimpo.

Y los jóvenes van arrastrando la dermis quemada y asfixiada por entre las ruinas del modelo, mientras viejos y viejas conchas de su madre, se arreglan los bigotes o los escotes bajo el tibio amparo de un café servido al escritorio con sus caras sobreactuadas. Traidores, pusilánimes, timoratos, nepotistas, parásitos del dolor ajeno.

Qué renuncie mundano, zutano y ratafustano. ¿Y qué con eso? ¿Modifcar/Cambiar la constitución? ¿Y cómo para cuándo estaría listo eso?
Entonces, a ver cuánto se modifica la plusvalía (ganancia) obtenida por los chupópteros y sus chupilcas demagógicas de chuplicas por una nueva redacción de derechos que sólo había que escribir.

Los mismos que por imposición, omisión y compensación aceptaron las reglas, ahora se supone que ven todo más claro y que, ¿Serán ellos mismos los encargados de redactar algo nuevo?
Ni 30 horas a la semana, ni 800 mil de sueldo mensual, son suficientes si las relaciones económicas están basadas en la explotación y el usufructo en contra de la gente y el medio ambiente. No se trata de horas, ni de sueldos, se trata de la manera en que las relaciones económicas están basadas.

“La poesía sirve para pasar el hambre, no para comer, he ahí el detalle que separa idealistas de revolucionarios”

“Intentar humanizar el capitalismo, es intentar domesticar un tigre adulto con un libro de poemas. El capitalismo es un cáncer sin piedad social. Tremendamente agresivo y sin ninguna compasión en contra de sus víctimas. Se pueden encontrar paliativos para este mal, pero jamás una cura. Capitalismo es sinónimo de canibalismo económico, del grado más salvaje de la sociedad”

Es más fácil pedirle a un muerto que se levante a que un capitalista sea justo.

Por : Andrés Bianque Squadracci.

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