Editor

SENAME : CARNICERIA DE VICTIMAS SOCIALES

No hay otra institución más nefasta que el Servicio Nacional de Menores, una fábrica de horrores, muertes, abandono y la violación sistemática de los derechos de la infancia, que el Estado de Chile tiene el deber de proteger, sin embargo, hace caso omiso a las obligaciones.

Foto Portada: Radio Universidad de Chile

Estremecimiento de espejo fúnebre.

Esqueleto de niños muertos ondea en silencio sobre los escritorios.
Péndulo de pómulo moreteado oscila sobre las estadísticas.
La arquitectura de la infamia descansa por entre las cabezas atormentadas.

Siniestra brilla la fragancia de la impunidad.

Traficantes de traumas e infantes. Vividores de menores.
Proxenetas de ralea. Empresarios, militares y curas. Trilogía elemental de los traumas.
Teorema de las penas y las náuseas.

Mi niño herido, mi capitán de barcos de papeles escondidos.
Mi aviador de volantines subterráneos.
Mi niño muerto y esquilado.

Chillan las bisagras en su engranaje de productos faenados entrando y saliendo.

Mi niña Detenida. Mi niña Desaparecida. Mi pupila ausente.
Mi pedacito de primavera. Mi ramita de cerezas pisoteada.

Qué bien redactan historias truculentas, las aves de rapiña.
Buitres y roedores, opinan de honor y decoro.
Chacales de corbata y peinados pulcros, extienden efugios y absurdos de escaparate.

No son establecimientos, son establos, eufemismo de cárcel en ciernes.
Preámbulo de mazmorra a las venas. Introducción al dolor.
Carnicería de víctimas sociales.

El humo de los cuerpos quemados enturbia las palabras.

Ejército de niño muerto golpea las ventanas cerradas.
Armada de niñas violadas emerge por entre el rabillo de tu escalofrío nocturno.

Pavor de párvulos. Mercado de menores marcados.

Esqueleto de niñas sin ojos, caminan perdidas por calles sin salida.
Ruido de vitrinas luminosas esconde sus gritos de auxilio.
El cartón disimula los cuerpos dormidos en las veredas y las acequias.
Muchedumbre de miopes y ciegos no distingue a los fugados.

Operadores y opresores que fundan sus riquezas bajo el andamio de huachitos y huérfanas, que no tienen quién los defienda.
Que en la inopia de sueldos o en la trampa económica de las adicciones, progenitores arruinados descuidan a sus brotes en aposentos o conventos, que son cuentos de espanto.

Menú hecho de pobres. Costillas de niño apaleado a domicilio, discretamente aderezado con lágrimas de niña violentada. Riñones y córneas tiernas al plato.

Porque a los rebeldes, a los reflexivos, a las intelectuales, a los ladrones, a las mujerzuelas y delincuentes, hay que marcarlos o matarlos en su infancia. Después crecen, y podrían defenderse.

Alamedas con cuerpos de niños ahorcados balanceándose.
No lea tan rápido. Una vez más. Imagíneselos.
Mire los árboles y los postes. Mire el alumbrado y los puentes.
Mire cómo se balancean los cuerpos de los niños ahorcados.

Y sigue brillando siniestra la arquitectura de la infamia. Saben que han ganado sobre su ganado proletario. Saben que el silencio ruge más fuerte que las simples soflamas o pancartas momentáneas.

¿Se escucha el llanto de los niños por entremedio de los acentos?
¿La tinta ensangrentando las uñas arrancadas?
¿Se ven los puntos suspensivos … desde donde se cuelgan?

Traucos y brujas deformes endulzando los golpes con palabras finas.
Alcahuetes burocráticos, carroñeros de cachorros solos y confundidos.
Jauría jurídica de rufianes repartiéndose los críos a pedazos.

Ofidios en su oficio de beneficios privatizados.

Esqueleto de niños muertos se consume en silencio sobre los escritorios.
Y aún muertos, siguen ondeando en los oscuros sótanos de las sotanas.
En la orgía bursátil de las muñecas abandonadas.
En el ensayo destructivo de sólo dejar sirvientes, perras y mozos obedientes.

Mi claro de luna ensangrentada. Mi capitán de olas internas. Resista. Sea fuerte.

Mientras tanto…

Defiéndase con una pluma cuando yo no esté.
Cobíjese detrás de la sombra de un libro, cuando vengan.
Que el amparo de la tinta cuide sus bracitos desamparados.

Mi cesta de semillas y ligamentos indefensos, perdóneme la ausencia, perdóneme ser pobre o el egoísmo, o la indiferencia que no levanta el niño muerto que llevo dentro.

Cuando vengan los poderosos o las miserables, vaya a los sindicatos. A las asambleas.
A las coordinadoras. Vaya a las federaciones de alumnos. Cuéntele a los universitarios. A los bibliotecarios.
No se calle nada. Anote días, fechas, nombres. Memorice lo que más pueda.

Perdone lo poquito de estos versos. La mediocridad narrativa. Lo insuficiente de este fragmento.
Pero imprima estas hojas y enciéndalas, quémelos y quémelas, si se le acercan con malas intenciones.
Fuego a las ratas de cualquier pelaje o traje.

No se rinda. No se rinda, sea valiente. Espérenos.

No Te Rindas.

Nov-2020.

Andrés Bianque Squadracci.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .