Chile

Estudiantes de medicina denuncian inoperancia de autoridades en la USACH

Resulta indignante que los responsables de la crisis política en Chile, también sean los mismos inoperantes de la «crisis» en las universidades estatales. Los estudiantes del tercer año de la carrera de medicina de la Universidad de Santiago de Chile-USACH, a través de un comunicado público, denuncian que las autoridades universitarias: «sólo se han preocupado de prometer eternamente, y, por ningún motivo, satisfacer las necesidades de la comunidad. Es el caso de la actual decana Helia Molina Milman (ex ministra de salud del segundo gobierno de Michelle Bachelet y militante del Partido por la Democracia-PPD), que, a pesar de su pésima gestión como máxima autoridad de nuestra facultad, se está postulando para ser gobernadora de la Región Metropolitana y, por si fuera poco, también es candidata a un segundo período como decana de nuestra facultad «.

Declaración pública estudiantes de 3er año de medicina de la Universidad de Santiago

El origen de esta carta es la indignación generalizada de los y las estudiantes que actualmente cursamos el tercer año de la carrera de medicina en la Universidad de Santiago. Después de meses de búsqueda de una solución, tomamos la determinación de compartir nuestra situación, ya que se nos agotaron, tanto las alternativas, como las fuerzas para llamar la atención de nuestras autoridades. Nos parece el colmo llegar a esta instancia, pues la problemática pudo haber sido resuelta hace meses por las instituciones pertinentes, sin embargo, ante su inoperancia, consideramos conveniente recurrir a este medio para denunciar el grave y lamentable escenario en el que nos encontramos.

El perfil de egreso del médico formado en la USACH consiste en “(…) un médico general con sentido social, capaz de desarrollarse de forma versátil, ejerciendo éticamente la profesión de forma eficaz en los diversos sistemas de salud nacional. (…) Es un agente social crítico e innovador en su ámbito de acción, capaz de liderar equipos de salud. También comprende que el proceso de salud-enfermedad es dinámico y multifactorial. Por eso, genera soluciones pertinentes al contexto socioeconómico y cultural en el que se encuentra inmerso.” (fuente: Escuela de medicina)

Como nuestra malla académica está determinada por este perfil, gran parte de la carrera se aboca al aprendizaje práctico, tanto en lo académico como en lo humano, el cual se adquiere mediante la experiencia en nuestros campus clínicos, que pertenecen a la red de salud pública de la Región Metropolitana. De esta manera, nos familiarizamos tempranamente con la realidad sanitaria y sociocultural que enfrenta la mayor parte de la población chilena.

Es, precisamente, en el tercer año de nuestra carrera, que comienzan nuestras prácticas clínicas. El curso es dividido en dos, siendo la mitad enviada al Hospital Barros Luco, y la otra al Hospital San José. El año académico normal consta de dos ramos clínicos: Semiología y Medicina Interna I, esenciales para adquirir las habilidades mínimas necesarias para ejercer nuestra profesión: la adecuada relación médico – paciente, el correcto y oportuno diagnóstico, y la realización de un buen tratamiento. Así mismo, constituyen una base de conocimiento necesaria para cursar la mayoría de los ramos posteriores, incluyendo nuestra práctica profesional. Lamentablemente, la pandemia del COVID-19, nos ha hecho ver la escasa importancia que las autoridades le dan a nuestra formación y, por consecuencia, a la salud de nuestros futuros pacientes.

Al inicio de la cuarentena, se nos dijo que nuestras prácticas se cancelarían transitoriamente hasta nuevo aviso. Por desgracia, no alcanzamos a asistir a ninguna clase de manera presencial, debido a que el año académico estaba programado para comenzar a finales de marzo. En su momento, se nos afirmó que, probablemente, iniciaríamos nuestras prácticas presenciales en agosto, y que se estaba buscando una solución al problema. De esta forma, se acordó que, de momento, comenzaríamos nuestro módulo teórico de semiología, entendiendo que las prácticas se realizarían en el segundo semestre. Se nos dijo que no se nos evaluaría el ramo en su parte teórica, ya que carecía de sentido, debido a que es esencialmente práctico.

Sin embargo, con el pasar del tiempo, las autoridades fueron demostrando la poca importancia concedida a nuestra formación académica. Unos meses después, se nos evaluó el aprendizaje teórico de todas formas, y la mitad de nuestro curso, correspondiente a uno de los dos campus clínicos, rindió su primera evaluación sin siquiera haber tenido una sola clase, bajo ninguna modalidad. Esto nos pareció insólito, ya que, para comprender y aterrizar adecuadamente los contenidos del ramo, es necesaria una orientación por parte de un docente, herramienta que la universidad tiene el deber de brindarnos. Nos vimos obligados a exigir la realización de las clases, a pesar de constituir una condición básica para llevar a cabo cualquier asignatura. Ésta continuó siendo nefasta para esta fracción del curso, ya que la coordinación entre los docentes y la escuela fue paupérrima.

Asimismo, a medida que pasaban los meses y la pandemia empeoraba, ni la escuela ni la facultad nos entregaba ninguna información respecto a la eventual realización de nuestros módulos prácticos, de manera que nos sumergimos en una situación de completa incertidumbre. Decidimos esperar antes de exigirles una solución, ya que comprendíamos la difícil situación a la que se estaban viendo enfrentados, pues todos los cursos desde 3ero en adelante estaban siendo afectados por la nula disponibilidad de campus clínicos, sobretodo las prácticas profesionales de sexto y séptimo año.

Llegó el mes de agosto, y la pandemia estaba en su auge, por lo que asumimos que nuestras prácticas no se realizarían en ese momento, como lo había afirmado la escuela. Frente a la nula comunicación por parte de las autoridades, decidimos intervenir, formando una comisión encargada de diseñar un calendario de prácticas con fechas estimadas, teniendo en cuenta nuestro inestable escenario. El objetivo era proponérselo a la escuela en una reunión, para aportar a una posible solución. Al solicitarles la instancia numerosas veces, no nos dieron respuesta alguna, lo que nos obligó a acudir al centro de estudiantes como medio de comunicación. Finalmente, cuando logramos obtener la instancia, se nos propuso un calendario que reducía los 5 meses normales de práctica de Semiología a 1 mes, y los 5 meses normales de Medicina Interna I a 2 meses, el cual ni siquiera se comprometieron a cumplir. El argumento era que no sabían si efectivamente íbamos a poder tener nuestras prácticas, ya que eso no dependía de ellos, sino del MINSAL y la Relación Asistencial Docente (RAD). Bajo el mismo razonamiento, rechazaron nuestra propuesta sin detenerse a considerarla. Se nos intentó tranquilizar diciéndonos que las prácticas hospitalarias de semiología, lejos de ser necesarias para nuestra adecuada formación, eran una consecuencia de la precariedad de la escuela, pues otras universidades con más dinero eran capaces de ofrecer más y mejores herramientas de aprendizaje.

Lo anterior no es veraz, pues es sabido que la práctica médica es esencialmente práctica, valga la redundancia, por lo que los módulos que nos otorgan esa experiencia cobran especial relevancia. El ejercicio médico es en el centro de salud, atendiendo personas, no en un computador ni en un centro de simulación. La semiología se basa en la experiencia presencial, pues consiste en un ejercicio constante de agudización de los sentidos, y, como bien sabemos como curso, no se puede aprender de otra manera. La base teórica que estamos actualmente estudiando, sólo adquiere sentido cuando nos es útil para aplicarla en la práctica.

Nuestras autoridades se desentendieron completamente de sus responsabilidades, traspasándolas al Ministerio de Salud y a la RAD. Si bien somos conscientes de que esas entidades determinan el futuro de nuestras prácticas hospitalarias, consideramos que es la escuela, en conjunto con la facultad, quienes deben garantizarnos nuestra adecuada educación, dándole la importancia que corresponde a los módulos prácticos. Adicionalmente, es su deber planificar la manera en la que se subsanará nuestra falta de conocimientos en el futuro, de manera que, al egresar de esta universidad, cumplamos con las aptitudes necesarias para brindar una atención digna a nuestros futuros pacientes. De lo contrario, habrá consecuencias negativas sustanciales, y los principales perjudicados serán aquellos que se atienden en el sistema público de salud.

Debido a estas situaciones, es que comprendimos que la Universidad de Santiago no está comprometida con la educación de sus estudiantes, y menos con la salud pública del país. A comienzos de año, nos aseguraban que éramos un pilar de la salud pública chilena. Ahora, resulta que no les interesa.

Cabe destacar que esta crisis es sólo una agudización de la injusta situación basal a la que nos enfrentamos día a día, no sólo los y las estudiantes de medicina de la USACH, sino que los estudiantes de todas las carreras de la Facultad de Ciencias Médicas. Las escuelas de esta facultad han estado abandonadas desde su nacimiento. Históricamente, la Facultad de Ciencias Médicas y la Rectoría han conspirado juntos en pos de nuestra precarización, ignorando las demandas que se vienen exigiendo desde hace más de 25 años, como la construcción de un edificio para nuestra facultad, y la incorporación de nuevos profesores para las prácticas clínicas. Las autoridades sólo se han preocupado de prometer eternamente, y, por ningún motivo, satisfacer las necesidades de la comunidad. Es el caso de la actual decana Helia Molina Milman, que, a pesar de su pésima gestión como máxima autoridad de nuestra facultad, se está postulando para ser gobernadora de la Región Metropolitana y, por si fuera poco, también es candidata a un segundo período como decana de nuestra facultad. Antes, nos había prometido la construcción del famoso edificio de FACIMED durante su mandato, y que, por supuesto, no lo cumplió. Una más interesada en ocupar puestos de poder para no estar ausente en la opinión pública, y tener la posibilidad de ser electa en un cargo más alto posteriormente, tal como lo está haciendo en este preciso instante. Pero nosotros ya no le creemos. Y llamamos a la región Metropolitana a no votar por quien tiene como última prioridad los intereses de la comunidad que efectivamente gobierna y representa.

Por esta razón, nos parece sumamente vergonzosa la reciente resolución de la CNA, que le otorgó 5 años de acreditación a nuestra escuela. Mientras las autoridades celebran triunfales este hecho, los estudiantes nos enfrentamos al completo abandono por parte de todas las instituciones de la universidad. Mientras algunos/as compañeros/as decidieron resignarse, otros/as optaron por congelar o desinscribir los ramos clínicos, para asegurarse de rendirlos de manera adecuada. Los/as compañeros/as con CAE se vieron obligados/as a endeudarse un año más, y aquellos/as con gratuidad, se vieron forzados/as a pagar aquel año adicional. Nuestra indignación se acentúa si consideramos que medicina es la carrera más cara de toda la universidad, con un arancel anual de $5.172.000.

Estamos en noviembre, y lo único que sabemos es que la RAD aún no nos ha autorizado a retornar a nuestras prácticas hospitalarias. Por mientras, corren rumores de que la modalidad online se extenderá durante todo el primer semestre del 2021. Como estudiantes continuamos en una situación de incertidumbre, en donde el escenario más probable es el eventual perjuicio de nuestro aprendizaje.

Es por esto, que exigimos una instancia de diálogo inmediata, en la cual la escuela, con autorización y ayuda de la facultad y la rectoría:

  1. Nos presente soluciones alternativas a la prácticas hospitalarias, concretas y flexibles, que pudieran ayudarnos a comprender, en este contexto, los aprendizajes que se obtienen en nuestro paso por los campus clínicos. Como alternativas, tenemos las simulaciones presenciales en el centro de simulación de la Universidad, y las prácticas en el campus universitarios, si es que, obviamente, la contingencia lo permite. Si el escenario no es apto para encuentros presenciales, entonces, una opción es que pongan en marcha aquellas simulaciones online que tanto tiempo han demorado en implementarse.
  2. Nos proponga una planificación que transparente la manera en la que se subsanará nuestra falta de conocimientos prácticos en el futuro. Las actividades contempladas deben:
  • Realizarse en campus clínicos, de manera que sean capaces de familiarizarnos con el ambiente del sistema público de salud, sea hospitalario o de APS.
  • Dotarnos de experiencias que llenen nuestros vacíos de conocimientos prácticos en el ámbito de la relación médico-paciente, la semiología y la medicina interna.
  • Realizarse en horarios diferentes a los ramos clínicos futuros, de manera que la adquisición de estos conocimientos no se vea coartada por la oportunidad de llenar nuestros vacíos.
  1. Nos otorgue una respuesta inmediata a la solicitud hecha por nuestro curso para finalizar el ramo de semiología en el Hospital Barros Luco, que ha sido pésimamente coordinado.
  2. Se comprometan a tener una comunicación constante y fluida con el curso, e informar, por lo menos una vez al mes, la situación en la que se encuentran las gestiones para concretar nuestras demandas.

Finalmente, les recordamos que nosotros, al entrar a esta universidad, dejamos nuestra educación en sus manos, y, por lo tanto, la salud de futuros pacientes, y son ustedes los responsables de garantizarnos las instancias de aprendizaje adecuadas y asegurarle al país, que los futuros médicos de la USACH seremos capaces de ejercer nuestro rol en la comunidad, resolviendo lo que sea necesario para que eso ocurra.

Firma:

3er año de medicina USACH

Apoya:

Centro de Estudiantes de Medicina USACH (CEM USACH).

Foto portada : Servicio Nacional de la Mujer

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