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El criminal nazi Priebke y el colegio de Bariloche

Erich Priebke fue un criminal nazi que llegó a Buenos Aires en 1948 y que, al poco tiempo, se radicó en la ciudad de Bariloche. En 1995 fue extraditado para ser juzgado en Italia por la masacre de las Fosas Ardeatinas de Roma, acaecida el 24 de marzo de 1944.

Cualquier parecido con lo acaecido en el campo de flores bordado NO es pura coincidencia...

Escribe Norberto Alayón – Trabajador Social. Profesor Consulto de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA)

El Instituto Primo Capraro es una destacada institución educativa, dependiente de la Asociación Cultural Germano Argentina de Bariloche, que brinda servicios en los niveles inicial, primario y secundario.

Erich Priebke fue un criminal nazi que llegó a Buenos Aires en 1948 y que, al poco tiempo, se radicó en la ciudad de Bariloche. En 1995 fue extraditado para ser juzgado en Italia por la masacre de las Fosas Ardeatinas de Roma, acaecida el 24 de marzo de 1944. Como responsable de dicha acción, donde se produjo la matanza de 335 civiles, entre ellos niños de 14 y 15 años, fue condenado a cadena perpetua como criminal de guerra por la Corte Militar de Apelaciones en 1998. Por tener 85 años en ese momento, cumplió la prisión en su domicilio de Roma, donde falleció en 2013 a los 100 años de edad. En virtud de que nadie quería hacerse cargo de sus exequias, fue enterrado en el cementerio de una cárcel en Cerdeña.

Erich Priebke

Priebke fue en Bariloche miembro, vicepresidente y presidente en los años 80 de la Asociación Cultural de la cual depende el Instituto Primo Capraro. Carlos Echeverría, documentalista y cineasta, da cuenta que en 1953 en el Instituto “comienzan a agruparse los inmigrantes, nostálgicos nazis, que llegaron al país en el ‘48”.

En el colegio se festejaba el cumpleaños de Adolf Hitler y su ascenso al poder. Sobre los alumnos que allí cursaban, Echeverría señaló que “mientras estudiaron allí la visión rectora era la de Priebke. Y todos tenían su foto grupal con él. Porque él se ocupó de perpetuarse en las fotos de todos en el colegio”.

La periodista Patricia Chaina, en la nota de PáginaI12 del 22 de noviembre, menciona que en el colegio “se prohibía ver “La lista de Schindler”, se prohibía leer a Heinrich Böll, premio Nobel de Literatura en 1972. “Es comunista” le decían a la profesora que lo recomendaba”.

Uki Goñi es un experto en estudiar los vínculos argentinos con los refugiados nazis. Afirmó, el 24 de noviembre, que “La nota de PáginaI12 me parece válida” (refiriéndose a la firmada por Chaina). Y agregó: “Ojalá hubiera más debate todavía sobre la presencia nazi en Argentina. No es menor que el director de la Capraro fuera un criminal SS”. Dijo, asimismo, que “Es obviamente relevante informar el colegio tan particular al que asistió la responsable de educación CABA”. Y que “Es válido preguntarse qué evaluación ha hecho Acuña sobre Priebke”.

Una ex alumna del Instituto Capraro, preocupada por la imagen de esa institución y por la eventualidad de que fuera creíble la irracionalidad de algunos que pudieran presuponer que todos los alumnos del colegio compartían la ideología nazi, me comentó -refiriéndose a Priebke- “su rol era acerca de las fechas festivas, organizaba esas fiestas, también era parte de la coordinación de intercambios estudiantiles. Alguna que otra vez daba un discurso al comienzo de clases acerca de la importancia de educarse, pero nunca fue parte vital de la escuela, era como cualquier alemán que participaba”. Agregó que “El colegio al que asistí jamás tuvo ni por asomo influencia nazi, ni doctrina ni nada”.

Más allá del intento de deslindar responsabilidades mayores, la simple mención que recuerda la ex alumna de las actividades que llevaba a cabo Priebke, no hace más que confirmar el papel relevante que cumplía en el colegio este mentor del nazismo.

El negacionismo sobre hechos atroces supone el intento de ocultar intencionalmente lo acontecido o bien la necesidad de justificar como no tan aborrecible lo que en realidad pasó.

En la Asociación Cultural de la cual dependía el Instituto Capraro, alguien de Bariloche lo debe haber propuesto a Priebke; alguien lo debe haber designado; algunos aceptaron compartir esa Comisión Directiva con un criminal nazi. Que un criminal nazi no prestigia a ninguna institución, y mucho menos a una educativa, es obvio y su presencia es repudiable.

Ante la enorme gravedad de la barbarie nazi, coincidimos absolutamente con la exhortación que formuló Uki Goñi al decir que “Ojalá hubiera más debate todavía sobre la presencia nazi en Argentina”. La memoria activa, aunque lacerante, es imprescindible para protegernos de la posibilidad de reiteración de los hechos históricos más abominables.

Cabe recordar también que, aún en la actualidad, a pesar del horror, la ideología nazi en Argentina y en el mundo se enraíza en buena parte de los militantes y adherentes de los partidos políticos conservadores.

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