Chile

SILENZIO STAMPA

El silenzio stampa, término italiano para referirse a autoridades que callan ante la prensa, del presidente ante tamaña acusación de ilegalidad recuerda de alguna manera a la omertá, el código de honor de las mafias sicilianas que prohíbe informar sobre actividades delictivas para proteger a los implicados. Los testigos claves hacen un pacto de silencio para proteger su propia integridad y la de la asociación. Todo perfectamente aplicable a Transbank, Banco de Talca, Penta, Cascadas, Catrillanca, Correos Minsal, etc.

Hacer negocios con el dinero del pueblo y en su calidad de presidente de la república. Así podría resumirse la acusación que el fundador de Felices y Forrados, Gino Lorenzini, ha hecho a Sebastián Piñera Echeñique. Alrededor de esta denuncia orbita la probidad y reputación del denunciado, los nexos con las propias AFP, la veracidad del fideicomiso, entre otras. Pero lo que a mi juicio más llama la atención es el absoluto silencio del mandatario.

¿Cómo es posible que ante una inculpación tan grave no haya ni una mínima respuesta, ni un desmentido, ni un anuncio de querella? ¿Qué podemos pensar de este mutismo? ¿Por qué el honor de poseer la mayor investidura del país no impulsa una reacción?

Tal vez Piñera, acostumbrado a hacer de la vida un símil de la lógica bursátil, piensa que aún le queda crédito para enfrentarse a la ciudadanía. No asume la caída estrepitosa del último año. En retrospectiva, el 2019 (antes del 18-O) daba utilidades para la reputación del gobernante. En abril había recibido el grado de Doctor Honoris Causa por la Universidad de Tsinghua, China, en el contexto de una gira para acuerdos comerciales. En las palabras que dedicó al recibir el grado dijo: “Para mí es un gran privilegio y un gran honor recibir este grado como profesor Honoris Causa, que ustedes comparten con muy distinguidas personas, muchos de ellos Premios Nobel. Quizás sumen un nuevo Premio Nobel a su colección de profesores Honoris Causa en su universidad”. No quedaba muy claro si el honor lo recibía él o la universidad oriental al distinguirlo… Luego, en septiembre, la vocera de gobierno Cecilia Pérez señalaba que «el liderazgo internacional del Presidente Sebastián Piñera nos tiene que llenar de orgullo a todos los chilenos (…) No por nada vamos a ser sede de la APEC y de la COP25”. Después del 18-O, Piñera tuvo que suspender ambas cumbres “pensando, como lo hace un padre con sus hijos, en todos los chilenos”, pero dejando en evidencia que lo que quería era evitar más desaires como las cancelaciones oficiales que ya habían anunciado los gobiernos de Rusia y Japón y antes de que las vedettes de la APEC, Estados Unidos y China, hicieran lo mismo. Desde ahí en adelante todo está muy fresco en la memoria y ha sido una tragicomedia de equivocaciones que han llevado al gobierno a mínimos históricos de aprobación.

Los “honorables” diputados han iniciado una comisión investigadora de las supuestas triangulaciones del presidente. Algunos han insinuado la posibilidad de adelantar elecciones presidenciales y hacerlas coincidir con los comicios de abril de 2021. La administración de Piñera no resiste quince meses más, argumentan.

Junto al mutismo para referirse a estas investigaciones en su contra, el presidente ha optado por tratar de salvar la cuota mínima de honor que parece quedar en su espíritu. No quiere verse derrotado ni pasar a la historia como un jefe de Estado destituido. “Algún día seré presidente y tendré el respeto que merezco”, dijo años atrás. Se proyectaba manipulando el cargo como una herramienta de reconocimiento público más que una vía de auténtico servicio público. Nunca entendió que el respeto no es un producto asociado al cargo. Por el contrario, el cargo en sí mismo es un honor que debe respetarse.

Según el sitio de etimología de la Universidad de Chile la palabra honor proviene del latín honos que significa el premio público que se la da a aquel al que se le supone que es recto, decente y digno. De ahí que los honesti son aquellos a los que el pueblo ha honrado con un cargo público. El uso de las comillas más arriba, donde se hace referencia a los diputados tiene el afán de remarcar que la honorabilidad es del puesto, no necesariamente de la persona.

El pueblo soberano puede equivocarse. Es cierto. Y ofrecer el cargo de mandatario a alguien que evidentemente no cumple con los requisitos de rectitud, decencia y dignidad. Aun así, cabe preguntarse ¿dónde está la “cualidad moral que lleva al cumplimiento de los propios deberes respecto del prójimo y de uno mismo»(1)? ¿No debiera ser esto ley absoluta de la república? ¿No debería Sebastián Piñera tener la obligación –no solo ética- de dar la cara frente a acusaciones de enriquecimiento ilícito?

“La muerte no es eterna; el deshonor, sí” dicta una sentencia de otra cultura milenaria, la japonesa. Los samurái estudiaban el Código del Bushido y hacían suyo el decreto de que “las decisiones que tomas y cómo las llevas a cabo son un reflejo de quien eres en realidad. No puedes ocultarte de ti mismo”.

Piñera no puede ocultarse de sí mismo. Como en el cuento clásico “El traje nuevo del emperador” su investidura se ha convertido en un traje invisible que deja ver la verdadera impronta de especulador a cargo de la administración del país. Camina virtualmente por entre la gente con un rictus que delata nulo convencimiento. La respuesta de la ciudadanía a su indiferencia y desconexión va desde la indignación hasta la violencia. Y a veces también la risa burlona.

El silenzio stampa, término italiano para referirse a autoridades que callan ante la prensa, del presidente ante tamaña acusación de ilegalidad recuerda de alguna manera a la omertá, el código de honor de las mafias sicilianas que prohíbe informar sobre actividades delictivas para proteger a los implicados. Los testigos claves hacen un pacto de silencio para proteger su propia integridad y la de la asociación. Todo perfectamente aplicable a Transbank, Banco de Talca, Penta, Cascadas, Catrillanca, Correos Minsal, etc.

Seguramente en el Verbo Divino el presidente leyó filosofía griega, pero prefirió lecturas más fructíferas como las de Friedman. Lo imagino paseando con su silenzio stampa (interpretable como “silencio otorga”) por el segundo piso de la Moneda, tomando un texto al azar de la biblioteca, abrirlo y encontrar una enseñanza de Sócrates: “Prefiero incluso fallar con honor que ganar haciendo trampa”. 

Por Rubén Garrido, Máster en LIJ, Universidad Santiago de Compostela.

Notas:

  1. Definición de honor según la Real Academia Española.

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