Chile

¿El Legado de Piñera?

Con un año electoral muy movido, y con muchos ex ministros queriendo competir en la elección presidencial, Piñera ha salido a decir que “debemos defender lo que hemos hecho”. De no provenir de quien las pronuncia, parecería una frase para reírse. Porque, en el fondo, no tiene nada de qué jactarse ni de qué estar orgulloso, parece ser otro acto del mitómano que nos gobierna.

No me referiré a su legado de sangre, muerte y violaciones a DDHH (espero que eso lo vea algún Tribunal extranjero más temprano que tarde), tampoco voy a hablar sobre su pésimo accionar para enfrentar el Covid y la posterior crisis económica y hambruna que aquejó a la población. Ni de sus dos patéticos ministros de salud ni de los subecretarios de la misma cartera igualmente inútiles.

Quiero hablar del terrible legado que dejará Piñera a su propia coalición. Prácticamente en pocos años la sepultó política y electoralmente. Recordemos que comenzó este gobierno haciendo un sentido llamado a una Unidad Nacional, y se presentó como una especie de Patricio Aylwin 2.0 que pretendía realizar la transición política, institucional y económica que aún estaba pendiente. Todo ello con la finalidad de ocultar su principal carencia, la de un “relato que aglutinara a su sector”. En estos casos, la alternancia del poder no se justifica si no viene acompañada de un significado mayor, y Piñera con su torpe eslógan de “Chilezuela” fue incapaz de leer las necesidades y tensiones sociales que ya afloraban en el ambiente.

Recordemos que su primer gobierno fue bastante parecido: “La Coalición x el Cambio” venía a perfeccionar todos los errores y corrupciones de la Concertación, se les iba a acabar la fiesta a los delincuentes y prometía más crecimiento económico, pero un año después, con las movilizaciones del 2011, todo su programa de gobierno se fue al carajo, y debió soportar la tormenta lo mejor que pudo. Junto a las movilizaciones estudiantiles, se sumaron luego los ecologistas, las demandas de las provincias (Feirina, Aysén, etc) y todo Chile se tomó las calles a vista y paciencia del huésped de La Moneda. No por nada, desde su propio sector lo acusaban de renegar de las ideas de la derecha y de ser el “quinto gobierno de la Concertación”. Y si bien ese gobierno fue muy mediocre, al menos dio algunos signos inesperados, como el cierre del Penal Cordillera (algo que nunca hizo ninguno de los gobiernos de seudoizquierda).

Hoy Piñera ha superado su mediocridad con creces. Lleva cuatro ministros del interior (Chadwick, Blumel, Pérez, Delgado), lleva tres ministros de Hacienda (Moradé, Briones, Cerda). Y se suele señalar que la permanencia de estos ministerios asegura una línea de continuidad en las principals carteras de un gobierno al que le preocupan tanto la estabilidad y las inversiones. Y en su afán de apostador, soltó a todos los candidatos que tenía en el gobierno para ver cómo se destruyen entre sí, mientras apuesta por si hay un ganador entre ellos(¿lo habrá?). Pero lo peor de su “legado”, es que su llegada al poder había abierto la posibilidad de que la derecha pinochetista aprendiera de una vez a comportarse con ademanes civilizatorios y mínimamente democráticos. Pero, al quedar enlazado electoralmente con lo peor del fascismo criollo, y al avalar impunemente las violaciones a DDHH en las marchas a lo largo del país y sobre todo en Wallmapu, Piñera solo ha socabado la posibilidad de que alguien de su sector vuelva a ceñirse la banda tricolor… Al menos por un muy buen tiempo.

Por Cristián Martínez Arriagada, Cientista Político

Imagen Archivo OPAL

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