Chile

“Baquedano es Piñera”

En 1879, el general Erasmo Escala, militar de brillante carrera, fue convocado por el ministro del interior Domingo SantaMaría, para que liderara al Ejército en la Guerra que se iniciaba. El ministro lo eligió, entre otras cosas, porque tenía buena llegada con los soldados pero no tenía aspiraciones políticas, así que no le haría sombra a la futura candidatura presidencial del propio SantaMaría. Escala realizó una rápida campaña de Tarapacá, pero pronto se vio confrontado con la autoridad civil. El ministro de Guerra Rafael Sotomayor, tenía una visión diferente para encarar la campaña militar, mientras tanto, el general Escala se sentía incómodo con la intromisión de un civil en las decisiones de guerra. Finalmente presentó su renuncia y en marzo de 1880 se retiró del Ejército. El gobierno lo reemplazó por Manuel Baquedano.

Un hombre tosco, con escasa formación como estratega militar, la principal “estrategia” de Baquedano era el ataque frontal a las fuerzas enemigas, aunque esto generara grandes costos en vidas humanas de sus propias tropas, como en Chorrillos y Miraflores. Sin embargo, lo importante para la elite santiaguina, es que este general era efectivo y logró el éxito deseado. Al regresar a Santiago, se le hicieron todo tipo de homenajes, constituyéndose casi en un mito viviente. Ya retirado entró a la política representando a los conservadores: Senador por Santiago (1882-1888) y por Colchagua (1888-1894). Durante la Guerra civil de 1891, el president Balmaceda le entregó el poder a Baquedano como representante del gobierno provisional, pero el antiguo militar no hizo nada por evitar el saqueo de los triunfadores y la destrucción a las viviendas de los balmacedistas.

Todo lo anterior es un preámbulo para explicar al personaje en cuestión, pues el viernes pasado fue vandalizado por enésima vez la estuatua del General Baquedano en la Plaza Dignidad, pero esta vez con fuego. El Ejército publicó un comunicado lamentando el hecho como si la figura de bronce fuera una ser humano, aunque los expertos del Consejo de Munumentos Nacionales señalan que “toda la parte baja del caballo y sus patas traseras presentan pintura carbonizada, pero no se observa un daño structural mayor”. Luego del acto vandálico salió también toda la elite transicional lloriqueando por la quema del “gran soldado de la Guerra del Pacífico”. Gente como Javiera Parada o Ignacio Walker (que ahora pretende apitutar a su prole en la Convención constituyente), se lamentan profundamente por la quema del Viejo soldado. ¿Habrá llorado así cuando quemaron a Rojas Denegri o Carmen Gloria Quintana en plena dictadura?

Lo que esa gente no ha comprendido es que el odio y desprecio a la figura de Baquedano es un simple acto de “desplazamiento” sicológico. El pueblo odia a Baquedano, tal como odia a Piñera. El desplazamiento es una forma de descargar la ira en contra de algo o alguien que no se logra alcanzar, entonces lo haces en contra de algo que lo represente. Por algo Piñera tuvo la “audacia y torpeza” de fotografiarse a los pies de la figura de bronce, con un aire victorioso, tal como el general que posa sobre su caballo. De este modo, cada vez que se vandalice a Baquedano se está realizando una suerte de “rito de purificación” en contra del propio Piñera.

Además, ambos personajes se asemejan sicológicamente: Tal como Piñera, Baquedano también tenía una exagerada estima de sí mismo, se creía con poderes de liderazgo de los que carecían, y aunque actuaba con torpeza, la elite le dispensaba todos los halagos (me imagino al viejo Baquedano durmiendo en el hemiciclo en su periodo como representante de la derecha en el Congreso). Ambos actúan con la ética de los “zorrones”: Baquedano, tratando de obtener triunfos militares aún a costa de sus soldados, y Piñera en el mundo de las finanzas y política actúa de la misma forma, sin detenerse en los posibles “daños colaterales”

El único futuro viable para la famosa estatua, es que en un futuro mediato sea retirada de su actual asentamiento y guardada en alguna bodega lo más remota posible…ojalá pudiéramos hacer lo mismo con Piñera.

Por Cristián Martínez Arriagada, Cientista Político

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