Chile

“Melero y los Chacarilla Boys”

Al gobierno de Piñera le da lo mismo exhibir impúdicamente su añoranza pinochetista. Melero no fue nombrado ministro para alcanzar acuerdos con el mundo del trabajo, es para defender a ultranza lo que va quedando del modelo impuesto a fuego x la dictadura.

El flamante nuevo ministro del Trabajo de Piñera, Patricio Melero, no es para nada un rostro nuevo en politica y tampoco posee un caracter conciliador o un buen negociador, habilidades que habrían facilitado las cosas en su nuevo cargo. Al contrario, Melero es de los viejos estandartes de la UDI, aunque sin las capacidades de liderazgo de otros “coroneles”, como Longueira, o la astucia de Coloma. Sin embargo, su biografía siempre ha estado ligada al pinochetismo más duro, de hecho, partió su carrera política como alcalde designado de la dictadura en Pudahuel (1984-1989), luego, tal como tantos otros ediles designados que usaron el clientelismo a su favor, salió electo diputado por ese mismo distrito, siendo uno de los pocos diputados que llevan más de 30 años en la cámara, y tal vez por eso es que se oponía a la limitación de la reelección. También se le recuerda como uno de los férreos defensores de Pinochet cuando éste asumió como senador vitalicio, y luego, cuando el dictador fue tomado detenido en Londres.

Lo que no se tiene tan presente es que Patricio Melero participó activamente en el Acto de Chacarillas en junio de 1977. El evento, organizado por la Secretaría Nacional de la Juventud, secretaría que estaba en manos de los gremialistas de la UC, coincidía con la conmemoración del Combate de la Concepción. Como una forma de homenajear a los 77 jóvenes soldados que murieron en el combate de 1881, ahora 77 jóvenes “patriotas” honraban al dictador, prometiendo servir a la Patria y a los intereses de la dictadura. Para la Historia del Chile reciente, los Chacarillas Boys tienen la misma importancia que los Chicago Boys. Éstos últimos definieron las directrices ecconómicas neoliberales que tenemos hasta hoy, pero en el discurso que pronunció Pinochet en Chacarillas, cuya elaboración fue de Jaime Guzmán, se ponían las piedras angulares de la futura institucionalidad política. Allí, en medio de la noche y el frío y con antorchas a la usanza de los nazis, estos jóvenes y no tanto, provenientes de diversas profesiones y actividades, prometían imitar a los 77 soldados de La Concepción y apoyar el itinerario politico que les proponía el dictador ( léase, Jaime Guzmán). Ahí desfilaron frente al “Presidente Pinochet” toda la plana mayor que posteriormente conformaría la UDI, así como rostros de la TV, como Vodánovic, Pollo Fuentes, Coco Legrand, los que fueron premiados y nunca les faltó trabajo o un escenario en esos años.

En Chacarillas es la primera vez donde la Dictadura asume un cauce institucional, pues hasta ese momento solo se había dedicado a asesinar a los opositores, pero sin un fin político claro. Contaban con un marco económico (el texto El Ladrillo), y ya venían poniendo a prueba a la economía con el shock neoliberal, pero ahora era el turno de justificar la prolongación de la dictadura y formular una nueva Constitución para una “Democracia Protegida”. Lo interesante, es que entre los Chacarilla Boys hubo muchos Chicago Boys, como Larroulet y Joaquin Lavín, es decir, sirvió para aglutinar a la futura elite política de la derecha chilena. Cuarenta años después, y en parte gracias a la Transicion pactada, esta misma elite, estos mismos cómplices pasivos que no ha cambiado ni un ápice su modo de pensar, siguen gobernando y están en los puestos de poder político y económico, tanto es así, que el hermano de Melero era, hasta hace unos días, el presidente de la Cámara Nacional de Comercio.

A estas alturas del partido, a Sebastián Piñera y a ChileVamos les da lo mismo exhibir impúdicamente su añoranza con el pinochetismo. Melero no fue nombrado ministro para alcanzar acuerdos con el mundo del trabajo, ni para negociar una real reforma previsional, sino para entorpecer aquello y defender a ultranza lo que va quedando del modelo que se impuso a fuego en los años 70, cuando junto a sus amigos gremialistas subió un cerro con su antorcha. Tal es el descaro del pinochetismo, que entre varias opciones, la UDI nombró para suceder a Melero en la cámara baja a Cristián Labbé, cuyo único mérito (la palabra favorita de la derecha) es ser hijo de un reconocido torturador y ex edecán de Pinochet.

Por Cristián Martínez Arriagada, Cientista Político. Autor de la novela “1977, Chacarillas on my Mind”

1 comentario

  1. Lamentablemente esta gente no tiene memoria. Y jamás reconocerán lo equivocado que están, porque jamás han estado al servicio del pueblo, sino en la defensa de sus intereses, y para lo cual no tienen vergüenza.
    Gracias por la objetividad de los relatos históricos que permiten mantener viva la memoria.

Deja un comentario

× ¿Cómo puedo ayudarte?
A %d blogueros les gusta esto: