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¿Somos las últimas generaciones de esta civilización?

Si analizamos la historia, como lo hace Noah Hariri, uno de los autores más importantes de nuestro tiempo, encontraremos como en nuestro recorrido evolutivo distintas formas de organización de la especie humana han ido extinguiéndose y abriendo paso a otras.

¿Alguna vez se ha preguntado cuáles fueron las últimas palabras del último habitante de la civilización sumeria, o la voluntad del último habitante de la civilización egipcia, o de la civilización nazca antes de desaparecer de la faz de la Tierra?

O mejor aún, ¿alguna vez se ha preguntado cuál sería su última frase?, ¿cuál sería la última canción que escucharía, si fuera la última persona que quedara de nuestra civilización antes de desaparecer?

Si analizamos la historia, como lo hace Noah Hariri, uno de los autores más importantes de nuestro tiempo, encontraremos como en nuestro recorrido evolutivo distintas formas de organización de la especie humana han ido extinguiéndose y abriendo paso a otras. Encontraremos, que, por muchísimos factores, como guerras, conquistas, hambrunas o circunstancias naturales han provocado que desaparezcan, dejándonos solo vestigios de los que fueron, piezas con los que investigadores han ido dándonos detalles de sus formas de vida.


Sin embargo, cabe la oportunidad para hacernos la pregunta, ¿en algún momento, alguna de estas civilizaciones anteriores pudo llegar a ser consciente de todo el contexto que le anunciaba su inminente desaparición?

Probablemente lo anterior sea una cuestión sin ninguna respuesta que encontremos a simple vista, pero esta interrogante me abre paso a mirar en retrospectiva y lanzar la pregunta: ¿nosotros somos conscientes de nuestro contexto que nos anuncia la inminente desaparición de nuestra civilización? ¿Somos conscientes de que somos las últimas generaciones que conforman una forma organizacional humana? Y aunque no signifique la extinción de nuestra especie, probablemente estamos a las puertas del surgimiento otra civilización que no conoceremos.

Sé que esto suena catastrofista y que es fácil caer en un estado de negación que me señale de exagerado, o que nos vendemos los ojos en nuestras creencias religiosas depositando toda nuestra esperanza a una intervención divina, pero ¿será que no tenemos las pruebas suficientes para poder entendernos como parte de un ocaso civilizatorio?

Entre las evidencias más importantes que puedo aportar se enumeran a continuación, sin necesidad de representar un orden jerárquico:

  1. Crisis del agua

Decir que el agua es el líquido vital, obviamente es caer en un lugar común, sin embargo, hay que recalcar que sin este líquido la vida en nuestro planeta, tal como la conocemos, sería imposible, debido a que todos los que convivimos en la Tierra dependemos del agua para poder Ser.

Y sin profundizar en mi continua discusión de señalar con negrita, que NO somos la única especie del planeta que tiene el exclusivo derecho al agua, y que desde nuestro antropocentrismo lo negamos, debemos comprender que este elemento vital cada vez se vuelve más escaso, y que, a pesar de toda la retórica política del desarrollo sostenible, cada vez el acceso al agua de calidad para nuestros congéneres y para otras especies se vuelve más limitado.

Esto se debe a que vivimos dentro de una economía circular, donde se sobreexplota el mal llamado recurso hídrico para crear miles de millones de artículos inútiles y desechables, y que al final de su ciclo productivo se termina por contaminar este mismo “recurso” de mil formas, o sea, hemos sostenido durante siglos un sistema económico que poco a poco ha ido reduciendo uno de los elementos más importantes para sostener a nuestra civilización, tanto que ya tenemos ciudades que oficialmente han declarado que no tienen agua dentro de su territorio, como lo es Ciudad del Cabo.

  1. Crisis energética

El sistema a que hago mención es el capitalismo, que evoluciona desde la primera revolución industrial y acelera los procesos de extracción de “recursos” para mantener activa el crecimiento de las economías basadas en el mercado y la acumulación de dinero.

Para esto, este modelo, desde su inicio ha dependido de la combustión de materiales fósiles, tomando como base una sustancia no renovable, el petróleo.

Parece absurdo cimentar toda una civilización en algo que puede acabarse, teniendo otras fuentes de energía renovables o prácticamente inagotables, como el viento o el sol, respectivamente.

Y es que lo anterior, no es una situación lejana, puesto que ya existe la evidencia suficiente para demostrar que desde hacer más de tres décadas el petróleo disponible para sostener nuestro estilo de vida cada vez es más escaso, y que en pocos años este “recurso” no podrá alcanzar la demanda energética necesaria para poder satisfacer aquellos que hemos denominado necesidades básicas.

A lo mejor, actualmente vemos el despegue de una carrera, financiada por las mismas corporaciones, para hacernos a emigrar a otras tecnologías que utilizan una supuesta energía limpia o sostenible, lo cual es cuestionable, pero eso no lo profundizaré en el presente artículo, aunque se puede señalar que son más caras, por lo tanto, menos accesibles para la mayoría, y además, tienen una huella ecológica muy elevada.

El problema de esto nuevamente recae en el mismo punto, intentar sostener un sistema económico insostenible, pues exige continuamente crecer al infinito, a pesar de que supera por mucho esta posibilidad, pero pensar en una opción que lo haga detenerse o contraerse todavía para nuestra civilización es impensable, aunque esto implique comenzar a sentir los evidentes guiños de las consecuencias que poco a poco se van manifestando con mayor fuerza.

  1. Crisis económica

Entre las consecuencias más inmediatas que poco a poco se nos viene encima con mayor fuerza, sin duda es el colapso económico, pues cada vez los recursos de los que dependemos se vuelven más escasos y el garantizar a toda la población los insumos básicos para sobrevivir se vuelve más complejo, lo que provoca el aumento significativo de la miseria, la violencia y la desigualdad, puesto que los grupos de poder no están dispuesto a ceder ninguno de sus privilegios, y es donde que todo el discurso político verde, como lo establecido en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, se vuelven mera retórica.

Sin duda la crisis económica la estamos sintiendo de forma más marcada en este último año, donde una pandemia vino a agravar la situación financiera de todos los países, pues al entendernos ya como una sociedad global interconectada de muchas formas, principalmente de forma monetaria, esta situación sanitaria afecta a todas las regiones del planeta.

Sin embargo, los pronósticos científicos vaticinan que la situación económica se agravará de forma paulatina conforme aumente la crisis climática, ligada al calentamiento global y al cambio climático.

  1. Calentamiento global y cambio climático

Tampoco me detendré en este punto a profundizar sobre qué es el cambio climático, puesto que ya es un tema de dominio popular. Sin embargo, es importar señalar que este fenómeno que hemos provocado nosotros como civilización, nos está poniendo en una encrucijada como especie, debido que ya no pone de frente no solo de una crisis económica, sino que nos enfrenta a nuestra propia sobrevivencia.

A pesar de que todas las evidencias apuntan a que en el 2050, (sí, dentro de 30 años), nos enfrentemos a condiciones climáticas catastróficas que amenazan con hacernos desaparecer tal vez no como especie, pero si como civilización, nos enfrentamos también al absurdo de que, aunque tenemos encendidas todas las alarmas, vivimos como si nada estuviera pasando, como si el mundo no tuviera ninguna fecha de caducidad.

“Familia tipo, Chilean – middle class”, xilografía del artista visual Pedro Fuentealba Campos

Nos siguen hablando de hacer crecer el PIB, de salvar el sistema monetario, de alcanzar los índices económicos de los países desarrollados aún con el coste social y ambiental que eso conlleva. Basta escuchar los discursos entorno al ingreso Costa Rica a la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) para ilustrar lo anterior, acuerdo firmado hace pocos días.. Aun cuando las consecuencias de esta modelo civilizatorio, poco a poco aporte más emisiones de gases de efecto invernadero, que provocan el aumento de la temperatura del planeta, y con esto de vuelvan más evidente el impacto del cambio climático: sequías, lluvias torrenciales, aumento de la fuerza de los huracanes, aumento del nivel del mar, deshielo, extinción de especies, muerte masiva de animales de producción, perdida de cosechas, y con esto incremento de la hambruna, desnutrición y poco a poco el aumento de los índices de mortalidad, principalmente en aquellas habitantes de los países empobrecidos.

La causa de este ocaso civilizatorio es nuestro modelo económico, por este motivo expertos de distintas ramas hablan del Capitaloceno, que explicado en pocas palabras es una era geológica marcada principalmente por el capitalismo. Probablemente, en algún momento haya escuchado el término Antropoceno, sin embargo, este a fue superado, pues aun cuando el sistema económico imperante fue concebido por humanos, no es la humanidad causante de las crisis de esta era, sino literalmente el modelo al que nos aferramos a sostener, pintándolo de distintos colores para adaptarlo a los movimientos de lucha que surgen y que exigen un cambio. Antropomorfisándolo, podríamos decir que es un sistema muy astuto.

El presente artículo no pretende apostar por el miedo, ni tiene un tinte derrotista ni de resignación, en el fondo, al intentar de presentar nuestro futuro cercano de una manera fría y realista, es para invitarnos a poner en primer plano la crisis ambiental, que realmente es una crisis civilizatoria. La intención es invitarnos a cuestionarnos nuestro modelo de vida y un intento de exponer la necesidad de un cambio radical de nuestra idea de civilización, con el fin de formar parte (y lo señalo también en negrita) no de la civilización extinta durante el Capitaloceno, sino de aquella que puso atención a todas las alertas para transformar su ideal civilizatorio y así sobrevivir como especie al inminente colapso.

Por Sebastián Miranda Brenes. (1983). Escritor costarricense.

Foto Portada : “La penúltima cena”, xilografía del artista visual Pedro Fuentealba Campos

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