Chile

LA LUCHA DE CLASES EN CHILE, UN ROMPECABEZAS POR ARMAR

El Chile que habíamos aprendido a construir y conocer como país propio, nos fue arrebatado y toda su fisonomía se comenzó a derrumbar ante nuestros sentidos, para dar lugar a un Chile ajeno y expropiado por las clases dominantes.

DICTADURA Y POSTDICTADURA: UN CHILE A MEDIO CONSTRUIR

Un rompecabezas se nos presenta a primera vista, como un firme marco de cartón con una gran cantidad de piezas dispersas que desafían a la tarea de ubicar a cada una de ellas en el lugar que corresponde para componer después de un pequeño o un gran esfuerzo mental, la imagen total del cuadro. No daremos con la verdadera imagen, mientras no seamos capaces de completar el marco, ubicando cada una de sus piezas en el lugar apropiado, para no quedarnos con una idea fragmentada de esa totalidad. Estableciendo una analogía con esta entretención, diremos que el capitalismo desde hace más de cuatro décadas, cuando con el golpe civil-militar del 73, desarma a sangre y fuego el marco de la situación política nacional, convierte a Chile en un rompecabezas con todas sus piezas diseminadas y nos inserta abrupta mente en una realidad nacional, que en lo central nos enfrentó hasta finales de la década de los 70, a cambios profundos pero regresivos en lo político, lo económico, lo social y lo ideológico.

El Chile que habíamos aprendido a construir y conocer como país propio, nos fue arrebatado y toda su fisonomía se comenzó a derrumbar ante nuestros sentidos, para dar lugar a un Chile ajeno y expropiado por las clases dominantes.

«Ronda en el tiempo», Fanny Rabel, 1964.

La gran burguesía aliada al imperialismo y contando con el servicio de las fuerzas armadas y de orden, como los perros guardianes de su riqueza, intentan rearmar nuestro país a su imagen y semejanza y obedeciendo el antojo de sus intereses históricos. Comenzamos desde entonces a caminar, a vivir y a ser parte de una realidad nacional que la Burguesía Monopólico-Financiera, configuró para acumular y concentrar en sus manos y en sus bolsillos los capitales y las riquezas nacionales.

Así y todo, Chile nunca quedó completo y a pesar del modelo económico, que prometió crecimiento y prosperidad para todos sus habitantes, la dictadura ni quienes le sucedieron, se hicieron de las piezas necesarias para completar el país que habían prometido. El patrón de acumulación impuesto en base a persecución y crímenes políticos de lesa humanidad, jamás funcionó para dar respuestas a las necesidades de las empobrecidas mayorías, en cambio sí generó la distribución más desigual de los ingresos incluso dentro del capitalismo mundial. Este cuadro de la realidad nacional, con vacíos sociales y económicos de distinta naturaleza, y que se mantenían intactos desde hacía años, terminó por erosionar hasta el límite la calidad de vida de enormes sectores de trabajadores, empujando a franjas del pueblo a vivir por debajo de la línea de pobreza y proletarizando a amplias capas de los sectores medios. El descontento generalizado cada cierto tiempo dio lugar a masivas manifestaciones de protestas que, de una u otra manera, preanunciaban un nuevo desarme histórico y esta vez, ocurriría con el rompecabezas que el bloque dominante nunca trató de completar, y precisamente en aquellas áreas que no tocaban sus intereses económicos y que de soslayo prometieron remediar con su Estado subsidiario. Justamente, desde esas áreas incompletas del rompecabezas que habían armado, surgieron las amenazas de colapso del cuadro impecable de injusticias sociales que habían edificado como bloque dominante.

LOS ANTAGONISMOS Y EL EQUILIBRIO INESTABLE EN LA LUCHA DE CLASES

Las falsas promesas y la también falsa atmósfera democrática, no fueron otra cosa que las tácticas de encubrimiento de los robos y saqueos que por turno dieron lugar a toda una casta política, que se apernó a las instituciones del Estado, para usufructuar de las autoregalías y beneficios que a sí mismos se otorgaron, instalándose como la elite intocable y vitalicia administradora del llamado neoliberalismo. Cuando estos delitos, propios de una fase decadente del capitalismo, ya no se pudieron ocultar a la opinión pública, sumados al deterioro cada vez mayor de las condiciones de vida de los trabajadores y el pueblo, ambas situaciones terminan presionando el ánimo de descontento gatillando y haciendo estallar la ira y rebeldía popular.

Este estallido o levantamiento popular, a no dudar, produce una inesperada y fuerte conmoción social y política y por lo mismo, de esta potente coyuntura, se desprenden varias lecturas que intentan interpretar el fenómeno como una expresión o acumulación cuantitativa o cualitativa del descontento y antagonismo de clases. A nuestro juicio, algunos análisis fueron apresurados y creyeron ver en el levantamiento un cambio de periodo en la lucha de clases, caracterizando el momento como la apertura de una crisis pre-revolucionaria o revolucionaria. Nuestra lectura, que no olvida elementos ni factores presentes desde hace mucho antes, en la dinámica de organización y lucha de los trabajadores y el pueblo, nos hace caracterizar la situación como un momento de reactivación social y política, originado por una acumulación cuantitativa del descontento, al punto de transformarlo en una expresión generalizada de odio y rebeldía popular, estimulada por un sector organizado, las y los estudiantes secundarios, pero que no puede contener ni canalizar los amplios niveles de espontaneidad presentes en el estallido. El origen y desarrollo de los acontecimientos, nos permiten decir que, en cuanto a las formas, la rebeldía popular, tampoco expresó homogeneidad en términos de contenido y expresiones de concreción del descontento. El dique institucional que, no cabe ninguna duda, fue rebalsado y los distintos espacios sociales que se saturaron de demandas diversas, también dificultaron el aunar en una plataforma única los distintos intereses políticos y sociales. Esto que, para algunos análisis resultaba del todo positivo, para otras miradas, explicaba un déficit y la no maduración de las condiciones subjetivas, como para articular y orientar la lucha hacia horizontes más claros y formas más eficaces de lucha. En muchos momentos y lugares de convocatoria, lo que pudo ser motivo de discusión fraterna y debate, se transformó en contradicciones y pretextos de sectarismo y división. Las diferencias ideológicas en algunos casos, terciaron tan negativamente, que se llegó a ignorar como sustrato de los acontecimientos, la lucha de clases misma. Fueron éstas y situaciones de naturaleza parecida, las que propiciaron -a nuestro juicio- que gran parte de los sectores movilizados desviaran su atención a los cantos de sirena, que la élite política fraguó para institucionalizar el descontento político y social.

ROMPERNOS LA CABEZA POR UNA NUEVA IMAGEN DE PAIS

La derecha y la oposición burguesa, como ayer en dictadura, acuden de urgencia a un nuevo pacto político, que también ayer, como en dictadura, salvara el derrumbe del sistema. Para mayor respaldo, ante los acontecimientos, a este pacto se suma el neo-reformismo (Frente Amplio), urgidos por preservar sus privilegios e intereses de largo plazo dentro de la institucionalidad burguesa. Por supuesto, con engaños y todo tipo de triquiñuelas, los politicastros(1) ofrecen una salida institucional que negaron por años, como la prueba fehaciente de no haber tenido voluntad de cambio alguna, en cuanto al legado dictatorial. Pues bien, dado este nuevo desarme, que disgrega piezas y descompone espacios de la realidad, para entenderlo y saber con certeza el papel que los actores políticos y sociales juegan en el rompecabezas actual, debemos atender con seriedad y rigor político, todos los elementos y factores que participan dialécticamente de estas contradicciones y antagonismos de clase.

Existe un bloque dominante, que no es lo mismo que decir clase dominante, la que, por cierto, participa de este bloque. Hablamos de un bloque de poder y en el poder, y que ha estado, sin diferencias estratégicas, administrando el capitalismo como sistema y el modelo como forma actual de dominación durante los últimos casi 40 años. En una aparente relación de oficialismo y oposición, llegaron a perfeccionar todo el legado dictatorial, sirviéndose de las instituciones del estado para establecer condiciones adecuadas de saqueo y robo permanente, que llegaron a permear, no solo a las instituciones civiles, sino que también a las militares y policiales. Creando una red de acuerdos y complicidades, profundizaron el clima de corrupción del capitalismo ampliando hasta niveles de escándalos, la descomposición política y moral de este bloque dominante. En el plano de la participación institucional, los sectores sociales o políticos de extracción popular o pequeño-burguesa, que lograron acceder a los espacios de poder, fueron fácilmente asimilados a los claros estados de privilegios que implicaba llegar a allí y vivir una suerte de cooptación indirecta a los intereses de la clase dominante, es decir, convertirse al mismo tiempo en beneficiarios y defensores del establishment.

«Ronda en el tiempo», Fanny Rabel, 1964.

Con la coalición Concertacionista, se comienza tempranamente a configurar una cobertura política y económica de gran alcance que además de los organismos fiscales, instituciones y empresas del estado, incorpora ONGs, corporaciones y fundaciones, y a partir de convenios tácitos o legales, se desplazan fuertes cantidades de recursos alimentando con ello, el apetito y la ambición de tecnócratas y burócratas, funcionarios y personeros de alto rango, que dan nacimiento a una poderosa elite política que se hace dueña de los destinos de nuestro país. Son los mismos que se han paseado desde las butacas del parlamento o desde los escritorios de un ministerio a los asientos de los directorios de las grandes empresas privadas. Sin ningún tipo de recato moral, esta elite -aún hoy- hace y deshace en las esferas del poder, sabiendo que cuenta desde los otros poderes del Estado, como los tribunales judiciales y el Ministerio Público, con los grados de impunidad necesarios para cometer esos llamados delitos de cuello y corbata, cuyas sanciones penales no han pasado de ser unas “terribles” clases de ética.

Las falsas promesas, el engaño ético y moral, la explotación, la opresión, el abuso y el robo, más otros cuantos etcéteras, han dado lugar al actual desdibujamiento del panorama nacional, acentuándose el rechazo y la crítica a los partidos legales y su rol en la institucionalidad, la emergencia de referentes independientes y el surgimiento de una izquierda constituyente, (la Lista del Pueblo y la Vocería de los Pueblos que incluye a los primeros más los convencionales que representan a pueblos indígenas) que reivindica cambios profundos pero que no implican derribar el sistema. Este es el Chile que, cual rompecabezas, desafía nuestro entendimiento. Así y todo, la noción de desarme con los últimos acontecimientos, (nos referimos a las elecciones de gobernadores; la declaración pública de la “Lista del Pueblo” y la declaración reciente de la “Vocería del Pueblo” que ha recibido la adhesión también pública de 600 organizaciones sociales y políticas a nivel nacional) en pocos días se transforma en una dinámica significativa de convergencia popular y disposición unitaria de rechazo y contrapuesta de forma explícita a las políticas de la elite política. No se trata únicamente de tendencias, sino del claro propósito político de levantar con fuerza las demandas más sentidas del movimiento social restando al “Acuerdo por la Paz Social”, pacto político de la elite del 15 de Noviembre de 2019, una total legitimidad y carente de la autoridad política, en tanto surge bajo un clima de crisis manifiesta de representatividad y legitimidad de quienes ejercen el poder ejecutivo y legislativo del Estado, que además se arrastra desde la movilizaciones del 2011.

«Ronda en el tiempo», Fanny Rabel, 1964.

Sabemos que éste no es el Chile total y completo, sabemos que existe una porción de este Chile que ha sido invisibilizado, sin voz, sectores que se abstuvieron de votar, unos exponiendo sus razones, otros omitiéndolas. Sin duda representaron un porcentaje alto del universo de votantes, sin embargo, no se puede desprender una interpretación certera de lo que ese número alto de población expresa, así y todo, el mayor número de abstinentes correspondía a las comunas populares de este país, que son las y los chilenos más afectados por la pandemia y los más golpeados por el modelo económico.

En la imagen de país, lo vemos y lo pensamos, no se encuentra el Chile al que aspiramos. En los distintos momentos transitados hacia la Unidad Revolucionaria, hemos compartido entre militantes, no solo la idea de sociedad que queremos, sino la que necesitamos construir. En 30 años, en cientos de reuniones, encuentros y hasta en congresos, parte a parte hemos diagnosticado la realidad y elaborado una receta para los males que nos enfrentan. Ha habido proyecto y programa revolucionario, hemos logrado definir caminos y objetivos de lucha, parte de lo que fue la franja revolucionaria que intencionó desafíos teóricos, para contar con una carta de navegación hacia el socialismo. Sin embargo, más pudo la competencia, la rivalidad, el protagonismo personalista, la postura engreída y petulante, el narcisismo y también el espíritu de camarillas, con los que se prefirió dejar sepultado o en el olvido el esfuerzo y la creación teórica colectiva. Ese esfuerzo está esperando una actualización para poner en vigencia lo pensado y discutido. Todas estas desviaciones pequeño-burguesas han impedido que la clase llegara a contar con su Sujeto Político y se constituyera ella misma en Sujeto Histórico. Es hora de comenzar a armar nuestro propio rompecabezas.

ES TODO UN PAÍS

“Ya lo sé, ahora no hay descanso compañera, distancias me separan pasajeras, de momentos solo tengo mi alma llena. De palabras inquietudes exiliadas, la esperanza me mantiene a ti ligado, es mañana que regreso enfurecido a vengar muerto por muerto de mi pueblo. Porque habremos de juntar el campo y la ciudad amada compañera y una sola patria al fin habrá de construir la clase obrera.

Y mañana a trabajar, a unir a organizar la lucha continua, en medio de la acción y la consigna, nos volvemos a encontrar amada mía.”

(Carta a la compañera . Grupo Caraxú)

Por LUCIO PAROT

Notas:

1 ,-politicastros: uso despectivo. político inhábil, rastrero, mal intencionado, que actúa con fines y medios turbios.

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