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Chile se tiñe de vergüenza

Este es el Chile que deja Piñera: el Chile donde se asesina, mutila o encarcela al que lucha por derechos, pero que a la vez el racismo, el clasismo, la aporofobia y la xenofobia quedan impunes

Hoy1 pudimos presenciar cómo en Iquique, al grito «NO MÁS INMIGRANTES», personas que enarbolaban la bandera chilena quemaban carpas y pertenencias de familias que se encontraban y se encuentran en el más absoluto desamparo e indefensión. ¿Cómo se puede ser tan inhumano (en realidad no encuentro la palabra exacta para describir el asco que me produjo esa gente), como para quemar las pocas cosas que tienen quienes viven en un campamento? Y esto lo hacían mientras se alentaban con gritos nacionalistas, como si esta nación se redujera, en el fondo, a eso: incinerar al otro, desaparecer al otro, la exterminación de todo lo que no identifican como propio (en una tierra en donde las intocables trasnacionales nos han quitado todo).

Me llama la atención, en todo caso, el hecho de que se haya realizado esta marcha sin problemas, a plena vista de carabineros, que más parecían acompañar la manifestación que otra cosa. Me imagino que si se hubieran hecho barricadas por la libertad de los presos políticos, hubieran actuado, y quizá hubieran procesado a los manifestantes por alguna de las leyes aprobadas con la ayuda de ciertas personas que se dicen de izquierda. O si hubieran golpeado un torniquete, ya estarían siendo procesados por la Ley de Seguridad Interior del Estado, pero no, solo estaban quemando lo que le pertenecía a gente pobre y supongo que eso a la policía de este país no le importa.

También hay imágenes que muestran a unos desquiciados insultando, acosando y provocando el pánico en contra de familias inmigrantes que intentó esconderse en una casa de cambio (entre ellos habían mujeres que sostenían con miedo a niños en sus brazos).

El nivel de impunidad con hechos de racismo, clasismo, xenofobia, aporofobia o simplemente fanatismo ciego, protagonizados por grupos de ultraderecha o gente que se deja arrastrar por ellos, es impresionante, y quizá es principalmente eso lo que los incentiva a aumentar su nivel de violencia en contra de minorías indefensas.

Y ejemplos de esta impunidad tenemos varios: encapuchados marchando con bastones retractiles y manoplas en Las Condes durante la delirante campaña del Rechazo, golpeando frente a Carabineros a jóvenes hasta sacarles dientes o dejarlos inconscientes; pinochetistas comprando un fusil AK-47 para utilizarlo en el contexto del estallido social (de seis que eran, solo dos quedaron en prisión preventiva), caso en el cual no se invocó la Ley de Seguridad Interior (supongo que es mejor invocarla cuando atrapas a alguien caminando por Plaza Dignidad, como le pasó al joven de 22 años, Gabriel Astorga, que lleva en prisión desde marzo del 2020 literalmente solo por eso); ultraderechistas amenazando a una fiscal y que tenían nada más ni nada menos que en su poder una subametralladora UZI (de ocho, solo uno quedó en prisión preventiva); el gremio de los camioneros, dirigido por la derecha, amenazando el abastecimiento de la capital, interrumpiendo el tránsito y realizando frente a la policía «El que baila, pasa» (lo que es penalizado, por iniciativa del mismo sector político que los apoya); u hordas irracionales encabezadas por la organización racista y xenófoba APRA, quemando autos y golpeando comuneros mapuche en Curacautín, con una actitud bastante similar a la que se vio en Iquique (obviamente, sin ningún detenido ni menos procesado por esos hechos, al igual que hoy).

Este es el Chile que deja Piñera: el Chile donde se asesina, mutila o encarcela al que lucha por derechos, pero que a la vez el racismo, el clasismo, la aporofobia y la xenofobia quedan impunes. El Chile que, bajo su mandato, prometió ser un refugio para los venezolanos, y que el día de hoy los discrimina y humilla en las calles. El Chile donde las leyes son selectivas y solo se aplican cuando tú eres el otro, el que no se quiere, el que no sirve para la imagen ideal de un patriotismo cínico, que todavía no supera la mentalidad colonial ni menos la dictatorial. Un Chile que hoy se ha teñido de vergüenza.

Para terminar, recuerdo que hace solo unos días entrevistaron a un haitiano que, teniendo ciudadanía chilena, intentaba ingresar a Estados Unidos. Le preguntaron el motivo de por qué dejó nuestro país y él respondió: porque allá tienen el problema de ser racistas.

Tiene razón.

Por Sebastián Alvarado Fuentes, Profesor de Lenguaje y Comunicación UC, licenciado en Lingüística y Literatura UCH

1 Escribo esto el 25 de septiembre del 2021.

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