Chile

“El Dilema de Boric”

Ahora este candidato (que llegó accidentalmente al lugar donde está), debe enfrentarse en segunda vuelta con el paladín del Neopinochetismo, con el amigo personal de Krassnoff, pero también con el regalón del gran empresariado (basta ver cómo reaccionó la Bolsa luego que Kast pasara en el primer lugar). El líder de Republicanos también es el favorito de los grandes medios, quienes intentarán mitigar su imagen de fanático ultraconservador, y quizás lo lleven a matinales a besar niños y a cocinar un strüdel.

Es extraña la situación en que está Gabriel Boric, creo que nunca se imaginó estar compitiendo en una elección presidencial, no al menos en la de 2021. Recordemos que Boric fue la última alternativa con la que se jugó el Frente Amplio para participar en la primaria de Apruebo Dignidad, luego que otras opciones como Beatriz Sánchez o el senador Latorre rechazaron esa posibilidad. También recordemos que hubo una masiva inscripción de firmas a favor de Boric luego que Pamela Jiles se burlara de él en un punto de prensa y afirmara que no las iba a obtener. Luego vino su sorpresivo triunfo ante Jadue, donde también le jugó a su favor el profundo sentimiento anticomunista que aun manifiesta buena parte de la sociedad chilena, incluso en la propia Izquierda.

Ahora este candidato (que llegó accidentalmente al lugar donde está), debe enfrentarse en segunda vuelta con el paladín del Neopinochetismo, con el amigo personal de Krassnoff, pero también con el regalón del gran empresariado (basta ver cómo reaccionó la Bolsa luego que Kast pasara en el primer lugar). El líder de Republicanos también es el favorito de los grandes medios, quienes intentarán mitigar su imagen de fanático ultraconservador, y quizás lo lleven a matinales a besar niños y a cocinar un strüdel. Hemos visto cómo Kast se ha debido distanciar de sus seguidores más extremistas, como Johanness Kaiser, para intentar verse más conciliador (aunque, en el fondo, ambos comparten las mismas nociones retrógradas respecto de la mujer y los DDHH). Pero Boric está en un dilema similar ¿Cómo sumar votos? ¿De dónde obtenerlos? Esa es la gran interrogante a resolver.

Primero debe captar y hacer guiños a los votantes de las candidaturas que representaron a la izquierda o centroizquierda (MEO, Provoste). Su aproximación a la ex Concertación debiera ir dirigida al electorado y no necesariamente a los “viejos jerarcas” de esa coalición. Para muchos “viudos del Laguismo” fue un “gesto patriótico” el que Lagos se haya pronunciado a favor de Boric, sin embargo, ese mismo personaje genera mucha tirria entre gran parte de la población, que lo asocia más bien con el CAE, el Transantiago, las Concesiones, la privatización de Endesa, el MOP Gate y sus favores y acuerdos con el Empresariado en desmedro de los trabajadores. Sin embargo, el mayor caudal de votos no estaría en la Concertación (una coalición que ya agoniza), sino en aquellos que se definen como “apolíticos” o en los que aprecian las bondades del modelo económico, pero que desean obtener más beneficios de aquel (y quizás muchos de ellos salieron a marchar en 2019) y parte de esas personas son las que se alucinaron con la candidatura por zoom de Franco Parisi.


El sorpresivo tercer lugar de Parisi (el candidato virtual) dará para varios estudios sociológicos y de análisis electoral en el futuro. Nadie puede despreciar a los más de 800.000 personas que votaron por esa opción, y resulta ridículo y simplista pensar que todos ellos comparten los postulados de Kast. Es a ellos a los que debiera dirigirse Boric, a ese elector veleta, que quizás antaño fue votante de la Concertación, de Bachelet o de MEO, y que ahora se entusiasmó con las promesas fáciles que les propuso Parisi desde Alabama. Por otra parte, no extraña que este tipo de liderazgo populista prenda en el electorado pues siempre ha resultado efectivo en la política chilena: basta recordar a Ibáñez del Campo en 1952 o a Fra Fra en 1989, MEO en 2009, sin embargo, por su escasa institucionalidad, terminan por difuminarse al poco tiempo.

Más interesante aún resultaría saber por qué tendencia política se inclinan esos 7 millones de personas que no votan y que se han mantenido al margen incluso del Plebiscito de octubre del 2020. Por eso, señalar que esta elección presidencial es una “contienda entre extremos” es una falacia que repiten como pericos los medios nacionales y algunos seudo analistas, pues, por un lado, la mitad del electorado no participa (por lo tanto, no sabemos si es “extremista”), y por otro, la coalición que encabeza Boric se puede definir de socialdemócrata más el PC. Acá, el único extremista es Kast y su séquito de figuras como Kaiser, De la Carrera o Rojo Edwards, a los que se han sumado con gusto rostros del “liberalismo” criollo como Sylvia Eyzaguirre (analista del CEP, que tiene antiguos comentarios contra Bolsonaro y Trump), pero que es capaz de dejar a un lado sus principios para proteger sus privilegios de clase y a los patrones del país, porque, tal como dijo alguna vez Jorge González en una cancion,  «No es un país, Chile es un fundo».

Por Cristián Martínez Arriagada, Cientista Político

Deja un comentario

× ¿Cómo puedo ayudarte?
A %d blogueros les gusta esto: