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Periodistas: ¿Pinochetismo o democracia?

Con ese panorama me pregunto sobre el rol de los medios de comunicación y en particular de las/os periodistas que tienen la tribuna para, de manera directa o indirecta, defender la democracia o dejarla sucumbir.

Chilenas y chilenos tenemos el dilema de votar por un candidato de izquierda centro (es importante el orden) u otro cuyo programa y discursos, lo caracterizan como un depredador de la dignidad humana, particular y enérgicamente en contra de la mujer.

Un candidato que representa un sistema de medios de comunicación que prioriza la libertad de empresa por sobre la libertad de expresión, que entiende la pluralidad como un cúmulo de medios de comunicación con pocos dueños y reducidas voces y miradas.

Hoy, en tiempos de pulsiones y algoritmos, el candidato de la ultraderecha utiliza la media verdad como instrumento de campaña electoral, cuentas bots en redes sociales para polarizar y tergiversar a su contrario, declaraciones lacerantes para controlar las tragedias de inmigrantes, promesas de represión e imposición a quienes no comparten su integrismo religioso, entre otros infortunios.

Este dilema también lo enfrentan las/os periodistas y se traslada cotidianamente a su ejercicio laboral. Por ejemplo, en el informe cuantitativo de la empresa Datainfluye se pregunta: ¿quién cree usted que lo hará mejor en los siguientes temas?: “conflicto en la Araucanía”, “delincuencia, asaltos, narcotráfico” e “inmigración”, entre 16 temas, la tendencia es positiva para el candidato de la misoginia. Los temas son coincidentes con la agenda del gobierno y los medios de comunicación masiva construyen este relato, presentándolos como “los problemas reales de la gente”.

Con ese panorama me pregunto sobre el rol de los medios de comunicación y en particular de las/os periodistas que tienen la tribuna para, de manera directa o indirecta, defender la democracia o dejarla sucumbir.

Es justo interrogarse sobre el comportamiento de varias/os periodistas que laboran en los medios de comunicación masiva: ¿Se puede decir que se es “invisible” ante una urgencia social?, ¿Se puede anular tu integridad detrás de una supuesta objetividad?, Si el compromiso del periodismo es con la verdad, la justicia, la ecuanimidad, ¿Se puede callar ante el avance de un candidato autoritario?, todo aquello se puede hacer, pero también se puede denunciar y emitir opinión, argumentar y denunciar, como lo han hecho algunas periodistas por las pantallas de televisión.

¿Las elecciones presidenciales son un dilema?, no siempre, pero esta vez sí, tal como lo fue el plebiscito de 1988, el 19 de diciembre: o elegimos más democracia o nos inclinamos ante una administración que pretende ser despótica.

Inicié esta columna presentando un dilema y describí la sombra de este dilema, pero hay un reverso que tiene cualidades; muchas de ellas, escritas en un programa y otras, aunque no están explicitadas, se constituyen por ser culturalmente contrarias a las propuestas del candidato de la sombra.

Impulsar medios que aporten cultura y entretención para las niñas, los niños y adolescentes, crear y fortalecer medios públicos independientes del Estado y medios privados independientes de sus intereses corporativos, acoger diversas voces de los territorios y comunidades locales, asegurar que el ejercicio del Periodismo se realice sin miedo, sin amenazas, sin represión ni represalias, son algunas de las ideas que nos permiten avanzar hacia una ley de medios que nos asegure el derecho a la información.

Es de esperar que el dilema se resuelva encumbrando la idea de que la libertad de expresión es un derecho humano fundamental, que sin ella no hay ni habrá democracia plena y es de esperar que la prensa masiva, al finalizar el día, pueda reflejarse en el espejo con la satisfacción de haber contribuido a vencer a la candidatura del fascismo.

Por Dino Pancani

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