Chile

“Las dos Almas de Boric”

Será difícil para Boric dejarlos a todos satisfechos, pero será más difícil aún lograr un adecuado equilibrio entre aquellos que quieren aplicar el "programa" o la llamada "gobernabilidad".

La reciente nominación del futuro gabinete de Gabriel Boric revela que no solo será un gobierno con tinte feminista y con espacio para independientes, además, y debido a la fragil posición de AprueboDignidad en el Congreso, el presidente debió apelar al realismo politico e integrar a su equipo a dirigentes de la vieja Concertación o de la “Izquierda Democrática” como se autoproclama ese grupo de añejos partidos políticos, como si los otros partidos de Izquierda fueran “Antidemocráticos”. Esta incorporación incomodó a algunos en la coalición, manifestando que al interior de ella hay, al menos, dos corrientes en el futuro gobierno.

Esta situación recuerda la pugna que se dio en la Concertación a fines de los años 90 entre sus dos Almas: Los autocomplacientes y los autoflagelantes. Los primeros creían que todo iba viento en popa, que lo importante era el manejo Macroeconómico (en ese tiempo Mario Marcel ya era asesor en Hacienda), que lo importante era el crecimiento económico y mantener una buena relación con los grupos empresariales, que la gente se mantuviera en sus casas y solo participara en política cada 4 años para ratificarlos a ellos en el poder. Los Autoflagelantes, un grupo minoritario, creía que no se estaban hacienda los cambios con la velocidad necesaria, que no se incorporaba a las personas en la toma de decisiones, que no todo era economía, y que se estaba incubando un malestar social. Al parecer, el tiempo les dio la razón a estos disidentes.

Más allá de la realista y necesaria incorporación de las fuerzas de la ex Concertación, lo que hizo ruido fue el nombramiento de algunos ministros: como Carlos Montes, un politico que lleva toda una vida, más de 30 años en el Congreso, y Mario Marcel, un eficiente economista, que el 2000 fue Director de Presupuesto de Ricardo Lagos, desde donde creó la regla del balance estructural, quien ya en 2006 había sonado como ministro de Hacienda de Bachelet. Luego se incorporaría al Banco Central, primero como consejero y después nombrado como su presidente el 2015 por Bachelet y luego ratificado por Piñera. Por eso, los grandes empresarios, “El Mercado” y El Mercurio saltaron de alegría al saber de su nombramiento, pues saben que mantendrá controladas las “riendas” del gasto público. Pese a ser un representante de la Economía más ortodoxa y uno de los regalones de los empresarios, Marcel se declaró hace poco como “socialdemócrata”, quizás lo dijo para salir del paso de las críticas desde el Parido Comunista, o quizás no sabe que una agenda que responda mínimamente a la SocialDemocacia implica establecer Derechos Universales, fortalecer los Sindicatos, y redistribución de Ingresos.

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Otro personaje que se repite el plato, pero subiendo de escalafón es la socióloga Lucía Dammert. En el Segundo gobierno de Bachelet fue asesora del Subsecretario del Interior Mahmud Aleuy y de Jorge Burgos, quizás los personajes más siniestros de aquella administración. Salió de aquel gobierno debido a graves diferencias con el alto mando de carabineros de ese entonces, y por tener parentesco con un violador de DDHH perteneciente a Investigaciones que se hallaba prófugo. Hoy Dammert vuelve en gloria y majestad, como jefa de asesores del presidente, una especie de Cristián Larroulet del Frente Amplio. Desde su puesto tendrá un rol protagónico en las tomas de decisiones del gobierno, para bien o para mal.

Todos estos cargos fueron en detrimento de representantes de partidos del propio ApruebloDignidad, como Comunes, RD, o de pequeñas agrupaciones como UNIR, Acción Humanista, lo que ha creado una velada queja por no tener las cuotas de poder según su representación política, y en cambio, el PS es quien resulta más empoderado aunque apoyaron a la candidata Provoste, que salió quinta en la primera vuelta. Será difícil para Boric dejarlos a todos satisfechos, pero será más difícil aún lograr un adecuado equilibrio entre aquellos que quieren aplicar el programa de la Coalición al pie de la letra, y otros que señalan, tal como ocurrió en los años 90, que es preferible la “gobernabilidad por sobre las transformaciones sociales”

Por Cristián Martínez Arriagada, Cientista Político

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