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Butcha, una Timisoara del siglo XXI

En Kramatorsk hubo una masacre. Cometida, desde luego por los rusos. Hasta que miraron los números de serie de los misiles... ¡Eran ucranianos! Pero la mentira goebbeliana sigue. PAZ, queremos PAZ. Y la desaparición del Imperio, y de su brazo armado, la OTAN.

Asistí, en directo gracias a la TV, al «juicio» y asesinato de Nicolae y Elena Ceausescu. Patrocinados por EEUU y ‘occidente’. Los Ceausescu fueron unos canallas y en ese momento eran unos viejos de mierda. ¡Pero qué ejemplo de Justicia! Payasos y verdugos reunidos para asesinar impunemente a dos seres humanos. Ahora, en Kramatorsk hubo una masacre. Cometida, desde luego por los rusos. Hasta que miraron los números de serie de los misiles… ¡Eran ucranianos! Pero la mentira goebbeliana sigue. PAZ, queremos PAZ. Y la desaparición del Imperio, y de su brazo armado, la OTAN.

El 1 de abril de 2022, el alcalde de Butcha, un barrio residencial de 36.000 habitantes al noroeste de Kiev, anuncia que la ciudad fue «liberada» la víspera del 31 de marzo de los ocupantes rusos. Al mismo tiempo, la policía ucraniana anunció que había lanzado una caza de «saboteadores» y «agentes rusos disfrazados de civiles».

El 2 de abril, el abogado ucraniano Ilya Novikov publicó en su página de Facebook un vídeo de una página ucraniana de Telegram, de un minuto y nueve segundos de duración, en el que se veía un convoy de vehículos blindados ucranianos avanzando por una calle de Butcha. Se pueden contar doce cuerpos, uno de los cuales tiene las manos atadas a la espalda con una venda blanca.

En las horas siguientes, toda la «socialmediasfera» y luego los medios de comunicación dominantes se volvieron locos. «Los rusos cometieron crímenes de guerra en Butcha, masacraron a 300 civiles». Nadie ha visto los 300 cuerpos. Algunas fotos muestran bolsas negras que supuestamente contienen cuerpos. Queremos creer que contienen cadáveres, pero esto no nos dice cuándo y cómo murieron.

Las fotos y los vídeos se suceden en un caos total: el mismo cuerpo aparece en diferentes fotos en diferentes lugares. Los cuerpos aparecen, desaparecen y reaparecen con diferentes detalles. Algunas fotos muestran cuerpos con las manos atadas a la espalda, otros con brazaletes blancos en los brazos.

Durante el mes en que las tropas rusas ocuparon Butcha y sus alrededores, se animó a los civiles a llevar brazaletes blancos para demostrar que eran civiles no hostiles. Los civiles, militares y paramilitares ucranianos llevaban brazaletes azules. Así que los militares rusos, según la narrativa dominante, mataron a civiles que no les eran hostiles. Así que están tan locos como su líder, Putin, el Gran Satán de 2022.

Después y al mismo tiempo que los medios de comunicación y las redes sociales, los políticos entraron en el baile: Joe Biden, Ursula von der Leyen, Josep Borrell, todos denunciaron el «crimen de guerra de Butcha». Rusia se vió prohibir hablar y votar en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Zelensky, el «servidor del pueblo», el eterno héroe de un culebrón sin fin, pide un «Tribunal de Nuremberg para Putin».

Y por último, aquí está el propio Papa, en una escena digna de Nanni Moretti, blandiendo y besando una bandera ucraniana «de la ciudad martirizada de Butcha», durante una ceremonia en la que regala huevos de Pascua a los niños ucranianos.

Ningún medio de comunicación que publicó fotos o vídeos de la escena explicó lo que estaba escrito en la bandera: “Cuarta Centuria Cosaca de Maidan”. La centuria («sotnya») era la unidad básica de las tropas cosacas en los distintos ejércitos en los que servían.

Durante lo que Radio Free Europe bautizó como el “Euromaidán” de 2013-2014, el servicio de orden organizado por el político Andriy Parubiy, inicialmente neonazi y después veleta, se estructuró en grupos con nombres tan poéticos que evocaban el «pasado glorioso» ucraniano, es decir, la lucha contra, el «judeo-bolchevismo».

Hasta aquí llegó Butcha. ¿Por qué Butcha? ¿Porque en inglés, Butcha evoca inevitablemente butcher, “carnicero”? ¿Pero quién sería el carnicero jefe de Butcha? Hay dos tesis opuestas: Azatbek Asanbekovich Omurbekov y Serhii Korotkykh.

El primero es un teniente coronel de la unidad 51460 de la 64ª Brigada separada de Fusileros Motorizados. Kirguís según algunas fuentes, karakalpak según otras, su abuelo y su padre sirvieron en el Ejército Rojo y su hermano está en el FSB.

El segundo, nacido en 1974, apodado «Malyuta» en ucraniano y «Botsman» en ruso, es un neonazi bielorruso, miembro de la organización fascista rusa RNE (Unidad Nacional Rusa) que abandonó para fundar la Sociedad Nacional Socialista, fundador de la ONG Zirka, “Alba” (Protección y Reconstrucción del País), sospechoso de una serie de asesinatos y agresiones en Bielorrusia y luego en Ucrania, donde está activo desde 2014. Incorporado al Batallón Azov, se naturalizó ucraniano en diciembre de 2014 durante una ceremonia en la que el presidente Poroshenko le agradeció sus servicios.

En mayo de 2015, se convirtió en el jefe del recién creado Servicio de Policía para la Seguridad de los Objetos Estratégicos y lo dirigió hasta 2017. También tenía tratos con Foxtrot-13, una empresa de seguridad dirigida por agentes de policía. En 2020, uno de los autores de un dossier sobre nuestro hombre, publicado por el Instituto de Política Nacional, en el que se le acusaba, entre otras cosas, de ser un agente del FSB, fue secuestrado y duramente golpeado en los alrededores de Kiev, por los «sospechosos habituales».

Korotkykh llegó a Butcha con sus hombres a principios de abril. Imagina a qué tipo de trabajo humanitario se dedicaron: ¿enterrar cadáveres o producirlos?

La puesta en escena de Butcha pasará a la historia como el «detalle» que llevó a Ucrania a la Unión Europea. Otra montaña de cadáveres exquisitos en los armarios de Bruselas.

Estos son cadaveres «sembrados», asesinados en otro lugar y esparcidos por Bucha. No se aprecia ningún rastro de sangre, y si las huellas de las ruedas de un vehículo; muy probablemente el que transporto los cadáveres. Publicación en facebook.

Suficiente para destronar definitivamente los fantasmagóricos “4.630 cadáveres de Timişoara, víctimas del Drácula comunista de Bucarest” que provocaron titulares de la prensa libre y democrática, desde Le Figaro hasta Libération, una invención mediática ejemplar que ahora se enseña en las escuelas de periodismo. Se remonta a una época prehistórica (diciembre de 1989), cuando no existía Internet, pero cuando un pobre rumano que hablaba un idioma extranjero podía vender cualquier bobada a unos medios de comunicación sedientos de «primicias».

Algunos ejemplos que recuerdo: “Ceausescu hizo cavar una autopista subterránea desde su palacio hasta el Mar Negro (225 km…)”, “La Securitate utiliza francotiradores árabes para disparar a los manifestantes prodemocráticos”, “Elena Ceausescu tenía una nevera llena de rosbifs en su palacio (carne humana, por supuesto)”. Y la más bella: “Ceaușescu, enfermo de leucemia, habría necesitado que le cambiaran la sangre cada mes. En el bosque de los Cárpatos se habrían encontrado jóvenes desangrados. ¿Ceaușescu es un vampiro? ¿Cómo podemos creerlo? Se rumoreaba que había fosas comunes. Se encontraron en Timişoara. Y no son las últimas» (TF1).

El fusilamiento de Nicolae Ceausescu y su esposa, Elena un 25 de diciembre. En un juicio que duró poco menos de dos horas y la deliberación para su sentencia, unos pocos minutos. El fusilamiento no fue transmitido en directo, pero días después las fuertes imágenes fueron difundidas en la televisión rumana y alrededor del mundo.

En Paraguay circulaba una variante: el dictador Stroessner, aquejado de una enfermedad de la piel, tenía que bañarse regularmente en la sangre de jóvenes vírgenes. Entonces sus matones secuestraban y desangraban a chicas indias en el campo. Pero esto pertenecía a los cuentos y leyendas indígenas sobre los “chupasangre”, los vampiros, es decir, los conquistadores españoles. En definitiva, historias de salvajes.

La gente civilizada armada con sus iPhones no es mejor.

Por Fausto Giudice

Enviado por diario electrónico POLITIKA

Monumento local al escritor ruso Mijaíl Bulgákov (1891-1940), nacido en Kiev, que pasaba sus vacaciones en la dacha familiar de Butcha.
«En el momento en que alguien telegrafía que le han cortado la cabeza, es que no se la han cortado del todo…»

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