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¿Cuánto por el planeta? La danza de los millones…

Nuestros mejores deseos para el año que se avecina. Nada mejor que ser conscientes de los riesgos que corremos, y de las prioridades de los que mandan. Por el momento la primera prioridad sigue siendo el mercado, aun cuando el planeta se degrada cada día que pasa: este año que se va... 100 millones de migrantes se vieron obligados a mudarse por la imposibilidad de seguir viviendo en su propia tierra. Destrucción de la Naturaleza, o sea de nosotros mismos, y una carrera armamentista que consume recursos inimaginables. Las agresiones del Imperio y de sus "socios" generan aun más inestabilidad. Como decía... Nuestros mejores deseos para el año que se avecina...

Los que saben aseguran que estamos destruyendo la Naturaleza, que el cambio climático empeora día a día, que de aquí a fines de siglo la temperatura ambiente, la falta de agua y otras catástrofes habrán provocado la migración forzada de millones y millones de seres humanos hacia territorios aun vivibles.

La tercera potencia del mundo en exportaciones agrícolas -los Países Bajos- renuncian a su modelo productivista y confrontan una crisis de proporciones que desestabiliza los mercados planetarios de productos alimentarios. Y esto no hace sino comenzar.

La ONU hizo lo que suele hacer la ONU: convocar una reunión anual. A esta la llamaron COP, -Conference of the Parties-, y este año tuvo lugar la vigésimo-séptima versión en Sharm-El-Sheik, un conocido balneario egipcio.

Representantes de cientos de países, miles de “expertos”, lobistas, ecologistas, periodistas y otros participantes han logrado llegar a acuerdos sin importancia que por lo demás nadie respeta. En la materia, la COP celebrada en París el año 2015 es una célebre referencia: aquí se acordó la necesidad de financiar las pérdidas y daños ocasionados por el cambio climático, considerando solo el coste de las medidas destinadas a reducir las emisiones de gases con efecto invernadero.

Desde hace 30 años los países más vulnerables (algunos, insulares, corren el riesgo de desaparecer) reclaman la creación de un fondo financiado por los grandes emisores de gases con efecto invernadero. En Sharm-El-Sheik se logró ese acuerdo, pero… el monto no fue definido, ni quién paga, ni cuándo. Para eso sobra tiempo, mientras los científicos aseguran que los objetivos de limitación de temperatura son a la vez insuficientes e inalcanzables, a pesar que se trata de pijoteros 1,5º C de aquí a fines de siglo.

Para ser justo, debo decir que la COP26 (Glasgow-2021) obtuvo el compromiso de los países más ricos de aportar U$ 100 mil millones anuales hasta el año 2030 para ayudar a los países más pobres. Confieso que a primera vista la suma me pareció significativa: pasa que reflexiono como un pringao cualquiera.

Por ahí, Alemania, con el pretexto de la guerra en Ucrania, anunció su voluntad de modernizar sus fuerzas armadas, noble objetivo al que consagrará nada menos que 200 mil millones de euros (U$ 212 mil millones).

Por su parte, los EEUU acordaron “ayudar” al ejército de Ucrania con U$ 45 mil millones, o sea el equivalente del presupuesto militar anual de Francia.

La caridad, no obstante, comienza por casa: los EEUU, ni cortos ni perezosos, decidieron llevar su presupuesto militar anual a algo más de U$ 800 mil millones en el año 2023.

La lista de países que iniciaron una urgente carrera armamentística es larga como un día sin pan, e incluye desde luego, y por razones obvias, a China y a Rusia, pero no solo: Qatar, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Singapur, Corea del sur, Australia, Turquía, Ucrania, el Reino Unido, Italia, Portugal, etc., etc., hacen las delicias de la industria armamentística y compran armas donde las vendan, partiendo por España, séptimo exportador de armas en el mundo.

Si hay un mercado que crece a ojos vista es el de la industria de la muerte: 5,5% anual en los últimos años.

Francia, tercer exportador de armamentos, ha visto crecer sus ventas en un 72% con relación al periodo 2010-2014, aun cuando representa apenas un 7,9% de las ventas totales. Arabia Saudí es el primer país importador de armamento del mundo, lugar que le arrebató a la India. Para este tema hay plata, mucha plata. El primer exportador son los EEUU, con un 36% del total, y el segundo Rusia con un 21%. Luego vienen Alemania y China.

Con relación a los montos hay un cierto pudor que impide conocer el volumen global con precisión, pero sabemos que las ventas de los 100 primeros fabricantes de armas rondaban los U$ 400 mil millones anuales en el año 2017 (Fuente: SIPRI – Instituto Internacional de Investigación sobre la Paz de Estocolmo).

Entonces me dije que poner U$ 100 mil millones anuales para salvar el planeta, mientras nos gastamos cuatro veces más en chirimbolos para exterminarnos los unos a los otros… es peccata minuta: la plata del pan y los croissants (au beurre les croissants), o sea, la nada misma.

Pero tú ya sabes, vengo de barrio pobre, no es por quejarme, pasa que la dimensión del billete no entra en mi calabaza, la del billete largo quiero decir. Dos o tres mil millones de dólares más o menos… a Elon Musk le tocan una sin mover la otra.

Pero lo de Tesla me tiró de espaldas. Pasa que este genio, Elon Musk digo, cuya productividad está por encima de la de Copérnico, Galileo, Newton y Einstein juntos, se da el lujo de farrearse no solo Twitter -lo que me importa un huevo-, sino también Tesla, el presente y el futuro del automóvil eléctrico (lo que me importa el otro).

Me explico: en razón del quilombo que Elon creó en Twitter, las Bolsas del mundo castigaron al constructor automóvil y las pérdidas bursátiles de su acción superaron, en un abrir y cerrar de ojos, -no parpadees-, la friolera de U$ 700 mil millones. La prensa financiera europea lo pone así:

“El fabricante de coches eléctricos perdió cerca del 65% de su valor en Bolsa este año, o sea U$ 700 mil millones. Una caída ligada a las gracias de su patrón Elon Musk, en particular después de su compra de Twitter, pero también a algunas dudas sobre su modelo de empresa”(sic).

Dos o tres alcances sobre esta primicia:

a) el valor bursátil de Tesla era pues del orden de los U$ 1,080 billones… billones…
b) los pobres accionistas de Tesla, incluyendo a Elon Musk, aun poseen unos U$ 380 mil millones en acciones de la compañía…
c) los mendas que acordaron poner pinches U$ 100 mil millones (que no pusieron…) para salvar el planeta son unos padrinos cachos, unos avaros, unos agarrados, unos cicateros, unos cutres, unos egoístas y unos hijos de la chingada como dice Joaquín.

(Dicho sea de paso, Elon Musk no es el único genio: las acciones de Disney, Spotify y Meta han perdido hasta un 70 % de su valor bursátil…).

De la Banca y las oficinas de cambio de divisas mejor ni hablar: el informe del Banco de Pagos Internacionales (BRI) sobre la encuesta trienal de los Bancos Centrales estima le volumen cotidiano de cambio de divisas del año 2019 en unos U$ 6,59 mil millones. ¡Cotidiano! O sea unos U$ 200 mil millones al mes… ¡U$ 2,400 billones anuales!

Los volúmenes intercambiados progresaron de cerca de un 30% desde la encuesta precedente (2016) y de más de un 65% en la década del 2010.

Mientras todo esto ocurre, los EEUU anunciaron que consagrarán casi U$ 400 mil millones a subvencionar las empresas que quieran instalarse en el Imperio. Primera afectada: la industria europea que deja el viejo continente para instalarse allí donde las dan y las toman. Los “líderes” europeos hacen de tripas corazón.

Todo lo que precede me hace reflexionar en los consejos prodigados por nuestro gobierno presidido por Emmanuel Macron, que sugirió -no te rías-, apagar el Wi-Fi cada vez que nos vamos a dormir, con el fin de ahorrar energía por un lado y de contaminar menos por el otro.

Después de haber difundido un par de notas sobre los precios y la inflación… si creo en los análisis que le propongo a nuestros lectores (es el caso), debo concluir en que la Tierra, nuestra nave espacial de la Humanidad, o sea nuestro planeta, incluyendo todos los continentes y los océanos que les rodean… vale callampa u hongo. ¿Cuánto por el planeta? Tres chavos.

La danza de los millones es otra cosa: es una fiesta de cumbiamba organizada por los mercados.

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