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Plegaria por Marcel

Algún día se estudiará con minuciosidad cual es el límite de la boludez humana, el de la credulidad del personal, y el insondable descaro con el que mienten los ministros de Hacienda. Una parida de urgencia para tiempos inciertos.

Escribe Luis Casado


Me encuentro inmerso en la redacción de un cuento apañado, cuyo texto se ha ido alargando según crece en mí el placer de escribir. Uno se engolosina con la palabra escrita: hay onanismos ilustrados. De modo que no tenía pa’ cuando difundir alguna parida nueva.

En eso estaba cuando un titular me tiró de espaldas como un Kansetsu Waza (una llave de jujitsu, machucado…) y la violencia del impacto fue inenarrable:

“La economía mundial se acerca a una recesión generalizada. Para este año el Banco Mundial prevé apenas un crecimiento de un 1,7% del PIB mundial. Un nuevo choque hundiría la economía internacional en una recesión, la segunda en una década. Algo nunca visto desde 1930.”

Servidor estaba tranquilo, sereno, plácido, apacible, manso, indolente, al límite de una ataraxia de mil pares de cojones, visto que había escuchado a Mario Marcel, el efecto de cuya palabra puede asimilarse a la picadura de una mosca tsé-tsé, insecto hematófilo que te transmite el Trypanosoma brucei que causa la enfermedad del sueño.

En la jerga que practicamos en Chile diríamos que escuchar a Mario Marcel te deja ahuevonao, como saliendo de una curda de una semana con un vinito tres tiritones, que en mi provincia natal, Colchagua, también era conocido como silbido de pitón, no sé si te queda claro.

Nótese que en filosofía la ataraxia es la tranquilidad de ánimo o imperturbabilidad del espíritu por la ausencia de penas y temores. Mario Marcel –que tiene muy poco de filósofo y mucho de vendedor de pomadas– es como una pastilla que ya se vendía en Chile en los años de mi niñez, llamada Calmatol.

El Calmatol contiene manzanilla, aceite de hinojo, aceite de menta, escholtzia y tilo. Te tomas un comprimido de esos, con una infusión de lúpulo, melisa, amapola y hierbaluisa… y es como escuchar a Mario Marcel: ataraxia garantizada.

El menda te deja con la tensión arterial en 12-8 y las pulsaciones en 50 con solo una frase. De dolores nada: el tipo nos usa en prácticas contra natura cuando le da la gana, perdimos el invicto desde que Marcel llegó a Hacienda y nadie se queja que le duele el esfínter aquel. Para muestra un botón: según lo que hay de prensa…

Ministro Marcel asegura que la inflación va en retirada: «En la primera mitad del 2024 deberíamos estar de vuelta en el 3%». El titular de Hacienda planteó que hubo varios factores —como el alza del dólar y la guerra en Ucrania— que contribuyeron a presionar la inflación al alza. Sin embargo, afirmó que «lo que ahora estamos viendo es que esos factores se están moviendo en la dirección opuesta».

Escuchando eso se te relaja todo, incluyendo el músculo elevador de la extremidad rectal, así como lo lees. El músculo elevador forma parte del suelo pélvico junto con el músculo coccígeo. Se forma a partir de la confluencia de tres músculos, el puborectal, el pubococcígeo y el iliococcígeo. Éstos reciben principalmente la inervación de los nervios somáticos del plexo sacro, a saber, el nervio pudendo y el nervio del músculo elevador y los nervios autónomos del plexo hipogástrico inferior.

En estas cosas conviene cuidar la terminología y la retórica: no es lo mismo decir “músculo elevador de la extremidad rectal”, que “músculo elevador del ano” como se llama en realidad. Cuando un proctólogo, pongamos el mismo Mario Marcel, te dice que te bajes las bragas porque te va a hacer un tacto rectal… no es lo mismo que te dijese “porque le voy a meter un dedo en el culo”. En realidad se trata de lo mismo. Es lo que hace Mario Marcel cuando proclama cosas como esta:

«Hacienda prevé que el precio de la gasolina continuará bajando al menos hasta fines de febrero…«

Hace falta ser ingenuo como un elector de Boric para creer en Papá Noel, Santa Claus y las declaraciones del ministro de Hacienda.

Yo no pienso que Kristalina (no es cachondeo, así se llama) Georgieva, Directora del FMI, lo haga por llevarle la contra a Marcel, sino más bien para que no digan que es más asopada que sus predecesores. Ella aseguró hace poco que “al menos un tercio de la economía mundial estará en recesión en 2023”. Y para no dejar dudas agregó: “para la mayoría del mundo (2023) va a ser un año duro, más duro que el que dejamos atrás», ya que las tres grandes economías -Estados Unidos, Unión Europea y China- «se están ralentizando simultáneamente”.

Cuando Marcel declara que la inflación estará controlada y que el precio de la energía seguirá bajando… nos pide cortésmente que nos bajemos las bragas… A ver si te queda claro, para no utilizar nuevamente una terminología basta pero Kristalina.

No obstante, tal parece que a Mario Marcel le llueve sobre mojado: tanto esfuerzo que hace para que todo vaya bien y los empresarios y los inversionistas estén contentos, y he aquí que los “expertos”, -tú ya sabes, el tipo de weón iluminado que se las sabe todas y va a escribir la Constitución encerrado en una letrina-, los “expertos” digo, aseguran que en el Mercado Laboral «lo peor está por venir» y que el máximo de desempleo llegaría en el invierno de este año 2023.

El medio que ofrece tan contraproducente noticia agrega:

“Entendidos aseguran que aún no se está reflejando el real impacto del estancamiento de la actividad económica sobre el empleo en el país.”

Los pringaos que están perdiendo el laburo son tan o más “entendidos” que nadie, pero lo único que no entienden es de qué coños van a vivir sin curro.

De ahí que desde mi modesta morada haya decidido lanzar esta plegaria por Mario Marcel, en fin, para que lo que dice Mario Marcel se haga realidad.

Una plegaria, dice el diccionario, es una súplica que se hace a Dios, a la Virgen y/o a los santos. Me costó lo mío decidirme, visto que no creo ni en dioses, ni en vírgenes, ni en santos, mucho menos en ministros de Hacienda, el FMI o el Banco Mundial.

Pero me importan los destinos de las víctimas. Otras cosas no, pero solidario soy con los míos.

Sobre todo cuando ni nos preguntan antes de palparnos el orto.

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