
Escribe Felipe R. Vergara
Licencias Líquidas, Acosos vaporosos
Doroty y Zygmunt …¿en offside?
La idea de la “liquidez” en la modernidad de Zygmunt Bauman apunta a la flexibilidad e inestabilidad de las relaciones sociales, las identidades y las instituciones; sin embargo, buena parte de la recepción académica y mediática de este concepto lo ha traducido apresuradamente en relativismo moral. Al asociar lo líquido con la ausencia de normas fijas, se ha generado, paradójicamente, un imaginario según el cual cualquier apelación a lo “debidamente correcto” o “moralmente justo” sería un intento de imponer rigideces opresivas sobre la fluidez de las almas contemporáneas.
En ese entorno, el entramado administrativo del Estado —cuyas normas obligan a denunciar conductas que atenten contra el servicio público— choca frontalmente con la sensibilidad líquida que proclama la primacía de la flexibilidad y la tolerancia. El deber de reportar irregularidades o faltas, concebido como un mecanismo de protección del bien común, ha sido reinterpretado por algunos como un acto persecutorio: se confunde la obligación legal y ética de velar por la transparencia con un supuesto “acoso al ser”, es decir, con una agresión injustificada contra la autonomía individual.
Los casos de funcionarios públicos que, tras denunciar a colegas por inasistencias injustificadas o uso indebido de licencias, han terminado destituidos bajo acusaciones de hostigamiento ponen en evidencia esta tensión. No se trata de un triunfo de la liquidez baumaniana, sino más bien de una hipersensibilidad normativa que, lejos de ablandar los vínculos sociales, endurece las defensas individuales y burocráticas. La confianza mutua se ve erosionada cuando el acto de ejercer un derecho o cumplir un deber se interpreta como un ataque personal.
Cabe preguntarse si la “calentura” de las sensibilidades actuales —esa suerte de hipertermia emocional y normativa— no ha evaporado la propia liquidez social que Bauman describió. Más que deslizarse con ligereza entre formas y roles, la sociedad parece haberse vuelto rígida en su reacción a cualquier ejercicio de la responsabilidad. La reflexividad moral, entendida como capacidad de juzgar y denunciar lo injusto, ha sido desvirtuada por el miedo al estigma y a la represalia. En última instancia, lo que se evapora no es la modernidad líquida, sino la posibilidad misma de articular un equilibrio entre la flexibilidad de las relaciones y la solidez de los principios éticos…¿Doroty cuestionada o Bauman en offside ?
Sobre e autor : Felipe R. Vergara, es director de la carrera pedagogía en historia y geografía, facultad de humanidades, de a universidad de Playa Ancha
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