Una parte de la historia que no desean que se conozca

Desde hace un largo tiempo, se comenzó a incubar en Israel el Nazismo en algunos judíos. Por ejemplo en una yeshiva (centro de estudios) en Jerusalén. Entre los estudiantes había un tipo violento de unos 30 años que interrumpía las explicaciones del rabino y se mofaba sobre las regulaciones de la alimentación kósher. El Rabino Arie se le acercó un día y le preguntó si realmente era judío. “Según tus leyes, soy judío”, respondió antes de espetarle, “eres un imbécil”, y abatirlo de un puñetazo. “Me sentí muy decepcionado, nunca imaginé que esto podría ocurrir en la única patria segura para los judíos”, expone Arie con un halo de profunda tristeza. Tristeza que por cierto no existe para los palestinos que exterminan a diario los soldados judíos.

Al denunciar lo ocurrido, se dio cuenta de que el suyo no era un caso aislado. El Centro de Información y Asistencia a las Víctimas del Antisemitismo en Israel (Dmir), una pequeña ONG privada, recibe dos denuncias cada tres días sobre agresiones, pintadas y vandalismo de corte nazi. Incluida la profanación de sinagogas y cementerios.

El Día del Holocausto de hace unos años, por ejemplo, las calles de Berseba aparecieron cubiertas de grafitos ensalzando a Hitler, las cámaras de gas y clamando la “muerte a los judíos”. Luego, la sinagoga de Petah Tikva fue asaltada, sus libros sagrados profanados y sus bancos marcados con esvásticas. Casos semejantes se repiten periódicamente por todo Israel.

“Los responsables son varios centenares de jóvenes judíos de origen ruso, diseminados por el país y cuya principal conexión con el judaísmo es el antisemitismo”, explica el rabino Zalman Gilichinsky, director de Dmir. “Muchos de ellos están en el Ejército o a punto de ir”, añade.

Gilinchinsky muestra en su despacho fotografías de soldados israelís haciendo el saludo fascista o presumiendo de tatuajes con esvásticas y retratos de Hitler, son “La Unión Blanca Israelí”. Sus miembros se presentaban como “gente con orgullo cansada de vivir entre los sucios bastardos”. A sus seguidores les recomendaban alistarse en el Ejército para poseer armas libremente. Antes de cerrar la página, las autoridades descubrieron que su cerebro era Ilia Zolotov, soldado de una de las prestigiosas unidades de combate del Tzahal. Como castigo fue enviado a Auswitch para ser aleccionado sobre los horrores del Holocausto pero pudo seguir en el Ejército.

Tanto Gilichincky, que perdió a sus abuelos en el Holocausto como Arie, han escrito decenas de cartas a las autoridades, desde ministros a diputados, en busca de la cooperación necesaria para atajar de raíz el fenómeno. Pero se han topado con un muro de indiferencia y escasa voluntad política. “Las autoridades saben lo que está ocurriendo pero tratan de esconderlo para no arruinar la imagen de Israel como el único refugio seguro para los judíos”, acusa Gilichinsky.

Un poco de historia. El soldado Wolfram Günther sirvió en una unidad de Sturmgeschütz (cañón de asalto) de la Wehrmacht en el frente del Este; en un solo día destruyó varios carros de combate rusos y sus valientes acciones de guerra le granjearon la Cruz de Hierro. El capitán Klaus von Schmeling-Diringshofen, al mando de la 1ª Compañía del 73º Regimiento de Infantería, cayó heroicamente en combate al frente de sus hombres en Polonia, tuvo derecho a un elogio fúnebre radiofónico y fue enterrado en un féretro cubierto por una bandera con la cruz gamada. El as de caza Sigfried Simsch logró 95 derribos y la Cruz de Caballero. Bernahrd Rogge fue uno de los más osados capitanes de navío de superficie alemanes: al mando de su famoso crucero auxiliar, el legendario buque corsario Atlantis, hundió o capturó 22 navíos aliados y tuvo en jaque a toda la flota británica. Esos cuatro militares que lucharon por el III Reich durante la II Guerra Mundial presentan una sorprendente característica común: ¡tenían orígenes judíos! Al igual que muchas personas que estuvieron en Campos de Concentración, o, peor aún, en Campos de Exterminio.

campos

De manera que nos puede parecer increíble, los cuatro hombres sirvieron a las órdenes del que en realidad era su principal enemigo, Adolf Hitler, Cabe destacar que las víctimas del holocausto no solo fueron judíos, si bien fue la mayoría, también existieron: gitanos, homosexuales, Testigos de Jehová, Sacerdotes y seminaristas católicos, alemanes disidentes, polacos (algunos supuestamente de origen judío), franceses, ingleses, rusos, y varias religiones o razas consideradas enemigas. Asimismo recordar que existían los campos de Concentración, y los Campos de Exterminio.

El historiador estadounidense Bryan Mark Rigg, del que se acaba de publicar en español su pormenorizado y monumental estudio La tragedia de los soldados judíos de Hitler (Inédita), ha documentado decenas de miles de casos de personas de origen judío que lucharon en el bando alemán en todas las ramas de las Fuerzas Armadas hitlerianas, sobre todo la Wehrmacht, pero también la Luftwaffe, la Kriegsmarine (hubo almirantes y un comandante de submarino de origen judío, Helmut Schmoenckel, del U-802) e incluso las Waffen SS (hasta un teniente coronel), que, si tienes familia hebrea, ya es rizar el rizo.

tres chicas

Tres chicas estadounidenses posaron haciendo el saludo nazi en Auschwitz

Rigg calcula que fueron como mínimo 150.000. Algunos de esos hombres alcanzaron las más altas graduaciones -uno, Milch, llegó a mariscal de campo- y recibieron las condecoraciones más importantes. Cómo el ejército de un régimen antisemita que diabolizó y exterminó a los judíos tuvo en sus filas a millares de los que consideraba sus peores enemigos, y cómo personas a las que se juzgaba racialmente inferiores y a eliminar aceptaron luchar -y morir- por sus potenciales asesinos en contra de sus salvadores; cómo, en resumen, pudo alguien recitar, aunque fuera por lo bajinis, el Kadish en la Wehrmacht, son las alucinantes cuestiones a las que trata de responder este libro. Rigg no sólo ha consultado una apabullante documentación, sino que realizó 430 entrevistas con soldados supervivientes de origen judío.

Por su parte, los dirigentes del III Reich, empezando por el propio Hitler, demostraron, a veces, un sorprendente pragmatismo: la eliminación de algunos militares de origen judío podía esperar o incluso aplazarse definitivamente en función de los méritos de éstos que al cabo ayudaban a ganar la guerra. Es célebre la frase de Goering, que tenía bastante manga ancha en la Luftwaffe: “Wer Jude ist, bestimme ich!” (“¡Yo decido quién es judío!”). Hitler, que siempre tenía en realidad la última palabra, personalmente autorizó que determinados militares permanecieran en el ejército pese a sus orígenes, y hasta permitió que ascendieran y que ocuparan puestos relevantes como generales, pilotos de caza o comandantes de navíos de guerra. Un caso es el del célebre general Fritz Bayerlein, mano derecha de Rommel, que fue forzado a retirarse en 1934 por poco y al que el Führer concedió una dispensa para seguir sirviendo: acabó la guerra con la Cruz de Caballero con espadas y hojas de roble y al mando de la división acorazada de élite Panzer Lehr.

Existe un conjunto de textos importantes, muy bien documentados, donde se analiza como, sobre la base de ideologías similares sobre etnicidad y nacionalismo, existieron intereses comunes entre el sionismo judío y la Alemania Nacional Socialista.

La base conceptual de esta coincidencia de intereses estuvo en el reconocimiento por ambos de la nación judía y de la raza judía. Así, señala Max Webber, en 1933 la Federación Sionista de Alemania envió una declaración al Congreso del partido Nazi que decía: un renacimiento de la vida nacional como el que ocurre en la vida alemana… debe ocurrir también en el grupo nacional judío. Sobre la base de un nuevo Estado (nazi) que estableció el principio de la raza, deseamos encuadrar nuestra comunidad en la estructura de conjunto de manera que también para nosotros, en la esfera a nosotros designada, pueda desenvolver una actividad fructífera para la Patria.

El sionismo reconoce la existencia de un problema judío y desea una solución constructiva y de largo alcance. Para este propósito, el sionismo desea obtener la ayuda de todos los pueblos, sea ésta en pro o anti-judía, porque en su opinión, estamos tratando aquí, más con un problema concreto que uno sentimental, la solución en la cual todos los pueblos están de acuerdo.

A los sionistas, crear un estado en Palestina. Para ello, necesitaban los judíos en Palestina, y Alemania podía jugar en eso un papel principal. De esta forma, mientras los judíos en el mundo frente a la agresión nazi declararon el boicot a Alemania, los sionistas agitaban entre la población judía de los diversos países la idea de que era mejor no rebelarse y, a la vez, buscaban el apoyo de los fascistas para llevar a Palestina a los judíos sionistas adinerados, dejando para los hornos crematorios al resto de la población judía, que les había de servir de justificación histórica para la ocupación colonial de Palestina.

buena onda nazi

En los tiempos de “la buena onda” con los sionistas!

El Tercer Reich también apoyó la creación de una patria judía y, aunque parezca increíble, en la introducción de las leyes raciales de Nuremberg de 1935 proclamadas por el fascismo, se decía que: Si los judíos tuvieran un Estado propio en donde la mayoría de ellos hallaran su hogar, el problema judío ya podría considerarse resuelto a día de hoy, incluso para los propios judíos. Los sionistas fervientes son los que menos se han opuesto a las ideas básicas de las leyes de Nuremberg, pues saben que estas leyes son la única solución válida para el pueblo judío. 

Queda claro, entonces, por qué la Agencia Nacional Sionista no tuvo inconveniente en negociar entre 1933 y 1939 la salida de algunos refugiados, a cambio de romper el boicot comercial impuesto a Alemania.

La colaboración entre los sionistas y el fascismo en general fue amplia y abarcó desde el sabotaje de la lucha antifascista hasta la colaboración directa (no olvidar que el servicio de seguridad de Himmler cooperó con el Haganah, la organización militar sionista clandestina en Palestina, lo que incluyó entregas secretas de armamento alemán a los colonos judíos para usarlas en choques con los palestinos), pasando por el espionaje, la constitución de escuadrones con miembros del movimiento juvenil sionista. Eso sin hablar de los artículos escritos por oficiales de las SS apoyando a los judíos sionistas, y a las invitaciones para visitar Palestina, por ejemplo a Adolf Eichmann (como fue el caso de Betar en la Italia de Mussolini), y la medalla que, en honor al viaje del barón Leopold Itz Edler von Mildenstein a Palestina, Goebbels ordenó que se acuñase con la esvástica en un lado y la estrella sionista en el otro.

Se explica, entonces, por qué durante los años treinta a pesar de que no todos coincidieran en la idea y en las acciones, el Tercer Reich apoyó sustantivamente los objetivos judío-sionistas en la Alemania de Hitler hasta el punto de, como señala Webber, hacer sacrificios en su comercio exterior, dañar las relaciones con Gran Bretaña y encolerizar a los árabes. De hecho, durante los años treinta, ninguna nación hizo más para apoyar sustantivamente los objetivos judío-sionistas que la Alemania de Hitler.

Las líneas fijadas por el sionismo en el Congreso de Basilea en 1897 no pudieron ser más consecuentes en sus proyecciones. Ahora sólo quedaba construir un estado artificial que les permitiera extender su dominio en la región. ISRAEL.

Y ahora en Israel se ha gestado la “Unión Blanca Israelí”, fracción nazi, y muy violenta, como lo son los soldados judíos con el pueblo palestino. ¿Quién entiende a esta gente?

Por:

opinion_cristianleon

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Escrito por prensaopal

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